Un penaltito, un escudo y Diego Costa

"A la afición hay que escucharla" - Gabriel Fernández, capitán

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Diego Costa Atlético Dépor

A punto estuvo el Cholo de salir anoche al campo a jugar de lateral derecho. Hasta tres jugadores distintos tuvieron que jugar en el lado diestro de la defensa y ninguno de ellos era uno de los dos laterales derechos de la primera plantilla. Esa mala suerte, esa plaga de lesiones que ha asolado la defensa atlética es achacable al infortunio, a una mala jugada del destino. El problema viene cuando, a falta de 8 jornadas para que acabe la Liga, uno echa un vistazo a los 18 convocados del primer equipo y se da cuenta de que cinco de ellos estaban jugando en Segunda B hace una semana. Así pues, Simeone a día de hoy toma pocas decisiones, básicamente se limita a poner lo que tiene mientras los del palco cuentan billetes.

No fueron malos los 63 minutos de Carlos Isaac en el lateral derecho, ni mucho menos. El chaval cumplió y acabó muerto, reventado por el ritmo de un partido que, sin ser excesivamente exigente, superó con creces lo que físicamente demanda la Segunda B. Su sitio lo dejó a Diego Costa y empezó el baile en la posición de 2 (Thomas y Saúl la ocuparon en fases distintas). Para entonces ya iba el Atleti 1-0 en el marcador desde hacía tiempo y el equipo estaba más ocupado en dejar morir el encuentro que en buscar más sangre.

Pero claro, cuando llevas dos tercios de partido con una delantera Correa-Gameiro, que salga un animal con el 18 a la espalda lo cambia todo. Dos minutos tardó Costa en hacer más de lo que hasta entonces habían hecho sus dos compañeros en el ataque. Hoy por hoy, este Atleti no es el equipo del Cholo, de Griezmann, de Gabi o de Oblak, hoy el Atleti es el equipo de Diego Costa. Si hay un 18 rojiblanco sobre el verde los nuestros son un hidra enfurecida e insaciable. Porque no es sólo lo que hace Costa, es lo que transmite, lo que contagia a cada uno de los jugadores atléticos. Costa es la quintaesencia del Atleti.

Eso sí, 1-0 iba el marcador cuando entró Diego y no se movería. Un 1-0 que llegó en el primer tiempo tras un ‘penaltito’. Hay agarrón claro, de esos como hay cientos en cada partido, de esos que nunca se pitan. Y es que hemos pasado de tener que sufrir un asesinato en primer grado dentro del área para que nos pitasen una pena máxima a que nos señalen caídas mínimas como tal. Que nadie se preocupe, en cualquier caso, la semana que viene visitamos la pocilga y ahí nos van a hacer de todo y no nos van a pitar nada. Al tiempo.

Esa jugada marcaría el aprtido, como lo marcarían las paradas de Oblak y como lo marcaría esa impresionante carreara de Lucas en los minutos finales para quitarle un balón a Borja Valle que muchos veíamos ya dentro. Pero más allá de eso, ayer por fin la grada miró a donde tenía que mirar y se cabreó con quien se tenía que cabrear. Varias veces se repitió la consigna de “el escudo no se toca” desde el respetable. Tantas como será ignorada por esos que dicen que el sentimiento en el fútbol se debe perder, por esos que desmembran plantillas con regocijo, por esos que robaron el club y nos dicen que hemos de estar agradecidos.

Así pues, iremos al Centro Comercial de la Castellana como el primer equipo de la Liga que no tiene una deidad en su plantilla. El próximo domingo se pondrá en juego la segunda plaza y se hará, oh sorpresa, sin sancionados en nuestras filas. Se hará con una plantilla maltratada por su propia directiva, pero será esta un plantilla que no cede un metro, que cree en su misión y que se dejará la piel en llevarla a cabo. Más allá de los puntos, más allá de la clasificación, se pondrá en juego el honor de un escudo que pretenden hacer desaparecer. Pero cuando se trata de honor, los nuestros, a morir, mueren.

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