A nueve de todo, partido a partido

"Tenemos sólo una idea: ir creciendo partido a partido" - Simeone

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Atleti Correa Valencia

Habían pinchado todos. Desde el Barça hasta el Villarreal habían cedido puntos. Y en el Metropolitano se enfrentaban segundo y tercero en una batalla que acabo yendo más allá de lo futbolístico. En un partido vibrante, recio, de Cholismo puro, el Atleti acabó secando al Valencia que se fue de Madrid sin haber disparado entre los tres palos. Una golazo de Correa sería el que disparase al Atleti en la segunda plaza de la Liga y acabaría convirtiendo una helada noche madrileña en un jolgorio rojiblanco. Hoy, el Atleti vive a la misma distancia del Barcelona que del Valencia. Hoy el Atleti se niega a ceder terreno en competición doméstica. Pero va partido a partido.

Y metro a metro. Ayer en el Metropolitano se vio a ese Atleti rocoso que no cede un espacio ni da un balón por perdido. Y eso que sobre el papel plantó el Cholo la que quizá haya sido la alineación más ofensiva de la temporada. Al potro desbocado que es Diego Costa le acompañaba ayer Griezmann arriba, mientras que en bandas se plantaban Correa y Carrasco y en el centro Koke y Saúl. Con esos mimbres el Atleti hizo un cesto que dio algunos de los mejores minutos de fútbol del año. Los dos medio centros canteranos hicieron de la salida de balón un arte y la primera parte fue una sucesión de aperturas a los carrileras de primeras (escandaloso, otra vez más, el partido de Vrsaljko) y balones al espacio para los de arriba. Anoche los nuestro dominaron los espacios, dominaron los movimientos defensivos y dominaron el balón.

Eso sí, parecía que, como sucedió en la ida, Neto iba a salvar un punto para los valencianistas con paradores imposibles a disparos a bocajarro. Hasta que apareció Correa. El 11 había hecho un partido de los suyos hasta el momento. A controles orientados maravillosos le seguían pérdidas de balón y pases al vacío. Dos decisiones buenas acaban siempre emborronadas por una tercera mala. Y es que en el gol no pensó, no decidió, sólo controló y le pegó con el alma. Y con el alma entró aquel balón, reventando la escuadra che, matando al Valencia y apuntalando la segunda plaza liguera.

Probablemente con el 1-0 Simeone hubiese metido cambios, hubiese remozado al equipo y le hubiese dado un tinte si cabe más férreo, más rocoso. Pero para cuando metimos ese gol ya habían tenido que salir los dos centrales del campo para dejar su sitio a Giménez y Juanfran. Primero Savic por problemas musculares y después Godin porque le reventaron la boca de un puñetazo. El árbitro, fiel a la máxima de “si no hay muertos no hay penalti para el Atleti”, miró para otro lado mientras el uruguayo salía del campo con la boca ensangrentada. Alrededor de un mes estaremos sin la que, a priori, es la defensa titular del Cholo. Si no tuviésemos a los 4 mejores centrales del mundo podría hasta ser un problema.

Festejó el Metropolitano, cantó y animó más que en la mayoría de encuentros hasta la fecha y se encontró pidiendo más sangre, más sacrificios. El maravilloso “unocerismo” que tanta gloria ha dado a este equipo parece hoy saber a poco al respetable atlético que pide, insaciable, más y más. Pero nuestros chicos saben lo que hacen, saben cómo se juega con ese 1-0; un par de desgracias en la temporada no hace que hayan perdido su savoir-faire. Y eso es lo que hizo que Griezmann, en el tiempo añadido, tuviese a bien aguantar el balón en vez de lanzar una contra. Aquello enfureció a algunos como si fuésemos perdiendo el partido y se lo recriminaron al francés. Hasta ahí uno podía ponerse de parte del equipo, de Griezmann y de la idea del Cholo. Pero el siete mandó callar a la grada, se revolvió e hizo aspavientos hacia los que se encontraban a pocos metros de él. Hace un año puede que Antoine hubiese tenido licencia para hacer esas cosas, hace un año puede que la jerarquía respecto a la afición atlética del francés le hubiesen servido para imponer su opinión, para hacerse respetar. Pero ya no. Sus escarceos con otros equipos y su negativa a quedarse a saludar tras los partidos no deben hacernos volvernos en su contra ni pitarle cual aficionado de Concha Espina, pero sí que le han restado ascendencia, sí que le han quitado peso en el imaginario atlético. Un peso que podría recuperar si quisiese. Si quisiese al Atleti, si quisiese seguir. Si quisiese estar en un equipo que ayer ganó al tercero de su Liga y se puso a nueve de distancia. A un equipo que va a pelear todo, a pelearlo partido a partido.

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Guillermo Valiente
Redactor de cholismo y fiel seguidor del Atlético de Madrid. Abonado desde el 1994 y perteneciente a la generación del doblete. Primero el atleti y después el resto. Su dureza dureza tanto dentro como fuera del campo recuerda a la de Bruce Harper.

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