Y el Metropolitano pareció el Calderón

"Ahora el destino nos llevará donde nos tenga que llevar" - Diego Pablo Simeone

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Atlético Roma Griezmann Giménez Lucas

No había ayer un ambiente ayer en los alrededores del Metropolitano demasiado intenso, no se respiraba una previa como la de las grandes citas. Parecía que había más un sentimiento de resignación que de fe. Pero algo mágico sucedió de puertas para dentro. No estaba lleno el estadio. Más allá de los míticos palcos que no se llenan nunca, se aparecían huecos en la grada aquí y allá, incluso en la zona del Frente. Aun así, de repente, el Metropolitano vivió una noche como las del Calderón. Por primera vez en la temporada se respiraba fútbol y se respiraba Atleti. Ni ante el Barça, ni tan siquiera ante el Madrid, se notó el calor de la grada como ayer ante la Roma. Anoche, por fin, el Metropolitano empezó a ser nuestro estadio.

Y esa simbiosis afición-equipo-estadio se vivió precisamente en un partido que no llamaba a ello. Un partido que, sobre todo después de la victoria del Chelsea en Bakú, se movía entre la irrelevancia y la creencia en una épica casi imposible. Pero los del Atleti siempre hemos estado un poco locos. Así, latía el Metropolitano como latía el Calderón mientras los nuestros salieron mirando hacia delante, con la idea de ganar el partido. La Roma, por su parte, se dedicó a esperar su contra. Sin un peligro real, lo cierto es que cada vez que intervenían Nainggolan o Perotti daba la sensación de que podía pasar algo, de que los giallorossi estaban en disposición de acabar con cualquier atisbo de esperanza en cualquier momento.

Pero más que una realidad era una percepción que dejó de serlo en cuanto se adelantó el Atleti y la Roma tuvo que hacer algo aparte de especular. Lejos de la ambición que mostró en Stamford Bridge, los de Di Francesco se acercaron más a esa versión de la Roma timorata, ese equipo que se doblega ante los grandes momentos, que es capaz de perder ligas que parecen ganadas en la última jornada. Esa Roma, la que cae en la desesperación cuando ve cerca el objetivo, esa que se parece tanto al Atleti anterior al Cholo, es la que nos da esperanza.

Pero la capacidad de creer en el milagro no depende sólo de lo que pase en el Olímpico. A medio continente de distancia, los nuestros jugarán en Londres con la obligación de ganar y esperar que el Qarabag repita el partido que hizo en el Metropolitano en Roma. Visto lo de anoche, ganar a un Chelsea ya clasificado en su casa no parece una empresa imposible. Después del último mes, por fin descubrimos a un Atleti ambicioso, en el que Griezmann jugó por detrás de uno, dos y hasta tres delanteros en las distintas fases del encuentro, lo cual le dio la libertad que no ha tenido cuando le ha tocado jugar de 9. Aun así se le vio temeroso hasta que enganchó el violento remate de tijera que supuso el 1-0. A partir de ahí dejó de mirar atrás y levantó la cabeza, volvió a creer en sí mismo, y jugó 20 minutos que recordaron al mejor Griezmann. Suyo fue el pase del gol de Gameiro y suyo fue el dominio del juego. Y es que con Griezmann enchufado, con el equipo creyendo en sí mismo y con el Metropolitano pareciéndose al Calderón, hay motivos para creer. Necesitamos un milagro para seguir en Champions, pero a veces los milagros ocurren.

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Guillermo Valiente

Redactor de cholismo y fiel seguidor del Atlético de Madrid. Abonado desde el 1994 y perteneciente a la generación del doblete. Primero el atleti y después el resto. Su dureza dureza tanto dentro como fuera del campo recuerda a la de Bruce Harper.

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