Bienvenidos a la Nueva Realidad

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Escadaloso robo del Barcelona en la supercopa de españa

Se nos fue la Supercopa. Se la llevó el equipo que se la tenía que llevar. Ahora bien, ellos salen del partido de ayer con un título, nosotros con mucho más. Volvimos a mostrar que hemos vuelto, que los grandes no nos asustan porque volvemos a ser uno de ellos. Fuimos mejores durante los 180 minutos y ni con la ayuda del de siempre fueron capaces de marcar más goles que nosotros. Si el 17 de mayo el Real Madrid se dio de bruces con la nueva realidad, la última semana ha servido para que su equivalente catalán entienda como va a funcionar esto a partir de ahora. Ha habido un cambio de paradigma, ahora conocen el miedo.

De nuevo, como en la ida, ofrecimos una lección táctica. Incapaces de encontrar un hueco entre nuestros gladiadores el pastoreo culé volvió a exponerse en su máxima expresión. Las triangulaciones entre los mediocentros y los centrales se sucedían con ese tiki-taka característico del Barça que en balonmano sería sancionado con ‘pasivo’, si eso es fútbol ofensivo que baje Dios y lo vea. Sin crear una sola ocasión en, practicamente, toda la Supercopa, el Barcelona se lleva un título que sabe que no merece.

Nosotros a lo nuestro. Defendiendo como leones y saliendo como búfalos en estampida creamos más peligro en la primera parte de ayer que ellos en toda la eliminatoria. Si la de Koke o la de Arda hubiesen entrado hoy estaríamos hablando de otra cosa. Pero no entraron. Y en eso consiste esto del fútbol aunque a alguno le cueste entenderlo. Que den gracias a Valdés que, a la postre, es el auténtico artífice de que el título se quede en la Ciudad Condal. El único que no sucumbió al miedo.

El terror se apoderó, incluso, de su jugador más importante: un tal Fernández Borbalán. Ya una de las primeras jugadas del partido dejó claro a qué había venido. Un insulso forcejeo entre Diego Costa y Jordi Alba acabó señalizándose con falta del brasileño. Vale, entendible. Lo que no se entiende tan bien es por qué, a raíz de esa jugada el árbitro llamó aparte a nuestro delantero para recriminarle ¿que jugase al fútbol?¿que pelease un balón? Demasiados periódicos y tertulias tiene que haber leído y esuchado en la última semana el señor colegiado.

Tardaría, en cualquier caso, en caer en las garras del miedo el árbitro del encuentro. Primero llegaría la vergüenza. Como reclamaban los jugadores blaugranas, Gabi debería haber sido sancionado con amarilla por reiteración de faltas. Pero, como decimos, bastante avergonzado se debía sentir ya de sancionar como falta cada vuelo sin motor y cada revolcón de Busquets, Mascherano, Jordi Alba y compañía. Jugar sucio no es entrar duro al balón, jugar sucio es fingir faltas y agresiones para que le saquen tarjeta a tu compañero de profesión.

Luego está el axioma arbitral español de “si Messi se cae, señala falta”, parece ser que es ilegal quitarle el balón al resultado de la experimentación en humanos con hormona de crecimiento. También tenemos al otro listo del grupo, el tal Neymar (¿Jr?). Que Xavi le explique al tirillas este que al Barça le gusta que el campo esté regado como si aquello fuese un arrozal, que si no va a seguir pegándose los mismo resbalones cada vez que intente una bicicleta. Aunque, con la ayuda del árbitro, su adaptación al fútbol europeo será más fácil. Si la mitad de sus torpezas son sancionadas con falta a favor el chico entenderá rápido como funciona nuestro fútbol.

Tras una segunda parte en la que el Barça cada vez generaba menos y el Atleti hacía temblar al barcelonismo cada vez que lanzaba un contragolpe, a Fernández Borbalán le empezaron a temblar las canillas. Fue entonces cuando, con la inestimable ayuda de su asistente (no el que estaba al lado de la jugada, sino el de la otra punta del campo), decidió igualar las fuerzas dejando al Atleti con uno menos. Como nos dejaron claro ayer, que Alves le meta un puñetazo en la nuca a Filipe es que está intentando pasar, que Filipe suelte un manotazo a Alves es una agresión violenta merecedora de la más roja de las tarjetas.

Pero como ni así erán capaces de generar media ocasión, Fernández Borbalán se empezó a poner nervioso de nuevo, no fuese que en un balón largo o en una contra el Atleti se encontrase con un gol. Al colegiado se le encedió la bombilla y se inventó un penalti a ver si así finiquitaba ya su labor. Pero no. Messi, desquiciado todo el partido por la defensa rojiblanca, le pegó al larguero e hizo crecer otra vez el miedo entre el barcelonismo. De nuevo el árbitro le empezaron a entrar sudores fríos y a soltar “aymadremías”. Así que, en el minuto 90, decidió recorrerse todo el campo hasta el banquillo del Atleti para expulsar a Arda, que había sido sustituido. No sabemos por qué, intuimos que a instancias del linier que pasaba por allí (efectivamente, el mismo de antes). Así perdió un minutito más, que se estaba poniendo taquicárdico ya.

No nos llevamos el título pero sí el orgullo y la sensación de haber sido mejores en los dos partidos. Ellos se llevan la sensación de que hay otro rival en la Liga del doping presupuestario. Un rival que no entienden. Llevan tanto sin jugar un partido de fútbol que cuando sucede no logran comprender lo que está pasando. Su desconcierto es una muestra más de su miedo. Sus lloros (en la victoria, en la derrota o en el empate, no discriminan) sólo nos enseñan su terror. Puede que no nos llevásemos la Supercopa, pero hemos vuelto para quedarnos. Ahora nosotros poblaremos sus pesadillas.

(PD.: El pisotón de Godín a Alves no lo analizamos por el simple hecho de que el tramposo lateral brasileño debería haber sido expulsado poco antes por agresión a Filipe Luis. Por lo tanto, a ojos de la justicia poética, Godín pisa aire.)

4 COMENTARIOS

  1. Juego sucio es pisar a un jugador…
    Bueno lo que dije ayer, primer título de la temporada contra el patético de Madrid.
    Demasiado facil… no hicimos nada y os ganamos, igual hay que mirarselo..

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