Dramas de ricos

"Sé que tenemos grandes futbolistas y no tengo ninguna duda de que sabemos el camino" Diego Pablo Simeone

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A quién se lo cuentes no se lo cree. Que el partido del Westfalenstadion acabase con un 4-0 no tiene explicación lógica, sobre todo cuando uno se para a pensarlo y no recuerda que Oblak tocase más balón que los que tuvo que recoger de dentro de la portería. Entre rebotes, fueras de juego y errores sin sentido el Borussia acabó firmando una goleada que hace saltar demasiadas alarmas sin ser necesario. Evidentemente no fue un buen partido de los nuestros, nunca puede serlo si te llevas cuatro para casa, pero rascar más allá de eso, de un mal partido en el que el rival fue mejor, no ha lugar.

Ahora es el turno de crucificar al Cholo, de cuestionar todas sus decisiones y dudar de su capacidad. Como todos los octubres vaya. Después de casi 7 años de Cholismo va siendo hora de saber dónde están los valles y los picos de forma de este equipo. Ya hay suficientes muestras para llegar a la conclusión de que un grandísimo año depende de no fallar mucho en octubre, noviembre y finales de enero. si se falla ahí, podemos optar simplemente a hacer un buen año. Un buen año. Lo que en la época del aguirrismo era clasificarse para la UEFA en el último partido y ahora es quedar terceros. No olvidemos.

Desde que Simeone nos llevó a la costumbre de ser siempre como mínimo terceros y clasificarnos andando para Champions existe la costumbre de querer crucificar al propio Cholo. El nacionalmadridismo en estas fechas suele realizar su operación de torpedeo hacia nuestro equipo. El problema es que cada año, embriagados de los triunfos de la primavera anterior, más atléticos se suman al discurso destructivo. Un discurso que se vuelve a abandonar en cuanto se ganan dos partidos, por supuesto. Porque si algo ha traído la época más gloriosa de la historia del Atlético de Madrid es un veletismo semanal de lo más deleznable, madridismo disfrazado al fin y al cabo.

Y se puede leer el partido de ayer, de eso no hay duda. Costa está fuera de forma, Griezmann tuvo el día fallón, Correa tiende a abandonar por completo al lateral que tenga por detrás (y eso hace que los que empezaron a ver fútbol anteayer culpen al lateral de fallos que no son suyos), el Cholo hizo cambios extraños y la defensa cometió errores impropios. Que sí, que hay que analizar y mejorar, pero no dramatizar. Recibimos un gol de rebote, otro con el equipo volcado y con Achraf pareciendo Carlos Alberto, otro en fuera de juego y otro con un error infantil. Y eso con innumerables ocasiones del Atleti cuando íbamos 1-0.

Si algo debe merecer una reflexión por parte de Simeone, eso sí, son esos 20 últimos minutos de la primera parte en la que cualquier atisbo de ambición atlética desapareció. Los nuestros hicieron poco más que achicar balones y se acomodaron en nuestra frontal como si estuviesen esperando el final del encuentro. Lo cierto es que eso no generó ninguna ocasión del Borussia y, de no ser por un mal tiro que salió rebotado, el empate al descanso hubiese sido lo más normal. Pero no fue así, el Atleti se volcó y el resto es historia.

En cualquier caso, el Cholo tomará nota del partido de ayer. Perder por 4-0 le escuece a Simeone más que a nadie y, si este es el precio a pagar para que se repiensen las mecánicas y costumbres que pueden resultar peligrosas, bienvenido sea ese correctivo. Aún más, si sirve para no volver a vestir el horroroso pijama que ayer vestían los nuestros y que hace de cualquier sentido de identificación de la hinchada con la camiseta una utopía, mejor que mejor. Más allá del cabreo y de la necesaria reflexión, recordemos que la miel se saborea en primavera, no en otoño. Que echarse las manos a la cabeza por perder partidos en fase de grupos cuando sabes que vas a acabar peleando títulos es absurdo. Lanzarse al drama ahora es consecuencia directa de ser nuevos ricos incapaces de gestionar mentalmente los años de éxito, que a veces también trae sus cosas malas. Así que ya sabes: Nunca dejes de creer, aunque estemos en octubre.

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