Los huevos de Godín

"No nos preocupa jugar bien, nos preocupa ganar" - Diego Godín

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Godín

No está Griezmann, no está Koke, a Jackson comienza a ni esperársele y arriba sólo los puntuales arrebatos de Carrasco parecen prometer algo de peligro. Pero ni así, al final sólo a base de casta parece este Atleti capaz de sacar las castañas del fuego. Y ayer ni eso, ayer no parecía que las ganas y la entrega fuesen a ser suficientes hasta que Godín peinó ese balón en el 93. El alma, la esencia atlética que representa el uruguayo, se manifestó en los estertores del encuentro para sacar los 3 puntos cuando ya la esperanza había abandonado la grada del Calderón. Donde han desaparecido los goles a balón parado de antes, donde la velocidad vertiginosa ha dejado de ser un arma imparable, el Atleti de este año se nutre de algo que hasta esta temporada poco menos que no había existido en el Cholismo: los goles en el descuento. Cuando el fútbol no da, ahí entra la fe, la fe de Godín concretamente.

Un gran Sporting frente a un plano Atleti

Mucha de la culpa de que los nuestros no encontrasen la manera de abrir la lata la tuvo el trabajo táctico de los de Abelardo. Con seis hombres dedicados exclusivamente a defender, el área sportinguista se convirtió en una ratonera en la que la delantera atlética no sabía cómo meter mano. Olvidado el centro por la acumulación de defensas, los ataques del Atleti, especialmente en el primer tiempo, se repitieron por una y otra banda. Centros pasados, remates que no llegaban y una sensación de nerviosismo que inundaba la grada y se transmitía a los jugadores. El planteamiento de los asturianos desesperaba a pasos agigantados a la afición que, cada vez más, dejaba correr murmullos en cada pelota perdida y cada pase mal dado. Sólo dos paradones de Oblak, uno en cada tiempo, evitaron que la alarma fuera mayor, aunque la desmemoria hizo acto de aparición.

Pitada a una decisión

Se ha dado mucho bombo en la prensa del régimen al hecho de que el Calderón pitase una decisión del Cholo. Lo han aprovechado para decir que la afición pitó no la decisión, sino a Simeone. Aun siendo cierto que alguno lo hizo, igual que hay quien se atrevió a pitar a Koke, en general lo que se percibió en el campo fue más una situación de sorpresa ante la sustitución de Carrasco por Óliver. El belga había sido de lo poco salvable en ataque hasta ese momento y así lo entendió el respetable que, enervado por el nerviosismo del partido, tuvo a bien hacérselo saber a Simeone. De ahí a cuestionar al Cholo hay un mundo. Siempre ha habido y siempre habrá aficionados con una personalidad más propia de Concha Espina que del Manzanares haciendo pública su opinión desde la grada, de esos que gustan de ver Deportes Cuatro, el Chiringuito y heces similares. Es un lastre que siempre se ha tenido. Pero creer que el grueso de la hinchada colchonera cuestiona al Cholo o está en contra de Koke es cogérsela, cuando menos, con papel de fumar.

Godín eterno

Cuando las cosas se pusieron tensas, cuando transcurridos tres cuartos de partido el runrún del graderío era casi permanente, el 2 uruguayo dejó tres o cuatro arrancadas de esas que rara vez sirven para algo pero que contagian a los otros 10 jugadores y a los 60.000 de la grada de esa fe inquebrantable que mueve a Diego. Cada balón robado por el central era seguido por una incorporación al ataque, por una arenga, por un arrebato. Hasta el punto de que durante los últimos 15 minutos ejerció más de 9 que de central. Y así fue como, cuando el partido moría, cuando muchos abandonaban ya el estadio, Savic puso un balón a la frontal a la desesperada y allí, perdida casi la esperanza, apareció Godín entre 2 defensas para peinar el balón y ponérsela a Griezmann que la picó de cabeza ante Cuéllar (quien por cierto había sacado ya una doble ocasión del francés). Y es que cuando con fútbol no se puede hay que echarle huevos. Puede que los huevos no ganen partidos, pero los huevos de Godín sí, de hecho ganaron una Liga hace no tanto.

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