La perfección menos cuatro minutos

"Cuatro minutos" Simeone respondiendo a qué le falta al Atleti para ganar al Barça

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En Italia, ese país que de fútbol algo sabe, se considera el partido perfecto aquel que termina con un empate a cero, a poder ser sin ocasiones. Y es que la perfección, según los nativos del país de Leonardo y Miguel Ángel, sólo se alcanza con la ausencia total de errores, con la pulida superficie del mármol sin una sola escoria que la haga deslucir. Y la propuesta del maestro atlético por excelencia del siglo XXI anoche fue esa: la perfección. La obra de Simeone se expuso sobre el lienzo del Metropolitano con la ausencia de error como única premisa. Y así fue como a punto estuvo de darnos esa victoria liguera ante el Barcelona que tanto ansiábamos.

Pero la perfección es muy difícil de conseguir, y un solo error, por minúsculo que sea, puede convertir una obra maestra en un cuadro destinado al almacén. Y ese error llegó, maldita la hora, cuando el partido moría sin que hasta entonces se hiciese plausible que aquel encuentro acabase en empate tras el gol de Diego Costa. Pero sucedió, un error en la salida defensiva por primera vez en todo el encuentro dio lugar a que Messi se pudiese inventar un pase a un compañero. Y el compañero, ese escudero que a veces se llama Suárez, a veces Coutinho y ayer Dembélé, empató un partido que hasta entonces había sido perfecto. Pero acabó siendo uno más.

Antes de eso el Atleti había ahogado al Barça durante noventa minutos. No hay en el recuerdo un solo Atleti-Barça en el que el equipo catalán no nos hubiese encerrado en nuestro área al menos durante sus buenos 20 minutos, y eso ayer no sucedió. La línea defensiva rojiblanca se mantuvo férrea y atenta siempre unos metros por delante de su área. El temor a que la vocación ofensiva de Arias jugase en detrimento del bloque defensivo se disipó rápidamente. El colombiano mostró ayer que, cuando se trata de amarrarse los machos y ponerse a currar, también lo sabe hacer. A ello se sumaron un Lucas y un Savic impecables al corte y en la salida y un Filipe Luis siendo Filipe Luis.

En fase ofensiva los nuestros buscaron ese error que deshiciese al Barcelona. Un error que el equipo de Valverde se empeñó en no cometer. Donde antaño se dedicaba todo esfuerzo culé a la presión avanzada y al control del partido ayer dicho esfuerzo se volcó en el repliegue defensivo. Las carreras del centro del campo barcelonista se dedicaron más a cubrir huecos que al apoyo en la salida, y eso derivó en un partido más centrado en la pugna por el centro del campo que en la generación de ocasiones. Sólo un córner y la fe de Diego Costa pudieron romper esa dinámica y, a la postre, empujar al Barça a volcarse hacia la portería atlética y acabar con el mencionado fallo que dio lugar al empate.

Sin ser un drama dicho empate acabó siendo una pequeña decepción. Decepción por el resultado que no con nuestros jugadores, que dieron otra muestra más de compromiso y confianza en el mensaje del Cholo. Si el merecimiento existe en el fútbol, lo cierto es que tanto Barcelona como Atleti acabaron llevándose un merecido empate. Pero como eso no existe en este deporte, la rabia por el fallido asalto al liderato dejó un amargo regusto cuando el árbitro dio los tres pitidos finales. Un árbitro, Gil Manzano, que puede ser tranquilamente el peor de todo el estamento nacional, y eso es mucho decir. Aunque no s ele puede achacar al colegiado demasiada incidencia en el encuentro. Eso queda para la casi perfección atlética, que no fue tal pero que lo será. Lo será cuando de verdad importe.

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