20 minutos en el Metropolitano no son lo mismo que en el Calderón

"El Atlético necesita siempre ganar" - Simeone

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atlético Girona 1-1

Como sucediese ante el Sevilla ante el Girona se jugó el partido que quiso el Atleti hasta el minuto 70. A partir de ahí los nuestros se hundieron y dejaron que el partido se les escapase entre los dedos sin que se enterasen de lo que pasaba. Si en Copa un par de rebotes y un par de errores nos condenaron, en esta ocasión fue otro error de bulto en el despeje lo que nos llevó al empate. A eso se unió que para entonces ni Costa ni Griezmann estaban ya sobre el campo y que los que quedaban parecían no tener demasiada fe en que aquello se podía ganar. Sobre todo cuando la grada del Metropolitano, como viene siendo habitual, estaba más preocupada de quejarse y reprochar que de animar y empujar al equipo.

Pesaba en cualquier caso demasiado en esta vigésima jornada la derrota del miércoles ante el Sevilla y la vuelta del martes en el Pizjuán. Si bien la ausencia de Koke, entre el castigo y el descanso, fue lo que más resonaba cuando se anunciaron los onces, lo cierto es que Thomas suplió tanto al 6 como a Gabi, fuera por sanción. Formó con dos bandas el cholo, con Correa a un lado y Carrasco al otro. Quién sabe si por probar con ambos con la esperanza de que despertasen del duermevela que parece marcar su juego en los últimos encuentros, o si por repetir el once en Sevilla que ya dispuso el pasado miércoles en casa. Lo cierto es que tanto uno como otro parecen enganchados en ese “parecía que sí” que les acompaña, apuntando maneras en cada jugada pero sin llegar a definir en los últimos metros.

Pero quizá lo que más pesó de la eliminatoria copera entre cuyos partidos se enclavaba este fue la supuesta necesidad de dar descanso a los dos mejores jugadores del equipo. Hasta que Diego Costa dejó el campo, aunque no llegase el Atleti claramente a la portería contraria, había siempre un miedo, un temblor constante en la defensa gerundense que coincidía con el galopar del hispano-brasileño entre sus líneas. No es sólo lo que toca y pelea el 18, es lo que transmite a propios extraños cuando está sobre el tapete. Fuera Costa, no tardó Simeone mucho en quitar también a Griezmann y aquello fue el detonante que, por un lado, pareció dar alas al Girona, y por otro quitar toda fe de llegar arriba a los que quedaron sobre el campo. Desgraciadamente ese mensaje caló demasiado en los jugadores, pero también en la grada.

Y es que si algo ha quedado claro en este nuevo estadio es que no es el Calderón, ni de lejos. Nadie a orillas del Manzanares hubiese imaginado que los últimos 10 minutos de un 1-1 se hubiesen vivido entre el silencio, algún murmullo y el ocasional silbido. Latía el Calderón en estos partidos, rugía con cada balón dividido, mordía la grada como si fuese un jugador más. Hoy no, hoy hay una nueva especie que contagia al resto en los asientos abatibles del Metropolitano. Un atlético que gusta más de criticar y silbar a los suyos que de empujar, uno que espera el error y no lo perdona, no lo tolera. Ese hincha que ha olvidado de dónde venimos, que parece no saber lo que significa una segunda plaza en liga a estas alturas par aun equipo que hasta el Cholo se dedicaba a arrastrarse por los campos de primera. El Cholo nos devolvió grandeza competitiva a la altura de nuestra historia, no fueron los jugadores que hacen anuncios y son ‘influencers’, no fue el nuevo estadio, el nuevo escudo o la nueva camiseta. Porque si la grandeza era eso, quédensela, déjenme con mis 1-0 y mis voces roncas cada lunes.

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Guillermo Valiente
Redactor de cholismo y fiel seguidor del Atlético de Madrid. Abonado desde el 1994 y perteneciente a la generación del doblete. Primero el atleti y después el resto. Su dureza dureza tanto dentro como fuera del campo recuerda a la de Bruce Harper.

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