Atleti, y nada más

"En cualquier caso, competimos" Diego Pablo Simeone

0
Saúl Atlético Barcelona

Siempre hemos vendido que el Calderón era una olla a presión perenne, que no había un minuto de respiro fuese cual fuese el rival, que aquéllo era un infierno para cualquier equipo, grande o pequeño. Pero, si bien en todos los partidos había fases de locura en las gradas que hacían retumbar las rivera del Manzanares, lo cierto es que era más el tiempo que muchos pasaban ente pipas y quejas inverosímiles que animando. Excepto en los partidos grandes. Y era eso lo que le faltaba al Metropolitano: su primer partido grande.

Se podría argumentar que el del Chelsea ya marcó ese bautismo en la grandeza. Sin embargo un partido de fase de grupos de Champions, por muy imponente que sea el rival, no es tan grande en la idiosincrasia atlética como un Atleti-Barça. Un partido de esos que te generan mariposas en el estómago desde por la mañana, de esos que te tensan, de esos que cuando empiezan no existe nada más. Y eso es lo que pasó, ayer empezó el Metropolitano a albergar algo del espíritu del Calderón. Antes del partido los había que gritaban sus consignas, los había que enseñaban sus banderitas y los había que o se dejaban llevar por el clima o se inhibían del mismo. Pero cuando pitó el árbitro se acabó cualquier atisbo de distracción. Cuando pitó el árbitro sólo existía el Atleti.

Y rugió el Metropolitanto, esta vez de verdad, esta vez de manera consistente, sin un minuto de relajación. Rugió cuando en apenas 30 segundos Messi falló la primera de las tres que habría de fallar. Rugió cuando Griezmann volvió a ser Griezmann, rugió cuando los nuestros cerraban cada línea de pase culé sin dejarlos pensar, y rugió, vaya si rugió, cuando Saúl engancho un derechazo a la cepa del poste que puso el 1-0. Rugía el Metropolitano y latía el Atleti; el balón era del Barça pero el ritmo era nuestro y, por momentos, la primera parte hacía recordar al Atleti de la Liga, al que jugaba a la desesperación del rival, al que no dejaba respirar ni un segundo a cualquiera que se atreviese a acercarse a sus dominios.

Sólo esa primera de Messi se llevó el Barça en su haber al descanso. El plan del Cholo se desarrollaba a la perfección. Las dos líneas de 4 atléticas resultaban impenetrables para un Barça que agotaba sus recursos muy lejos del área, con Messi y Suárez perdidos en una neblina rojiblanca que olía a desesperación blaugrana. El Atleti en cambio, jugando a agotar mentalmente al Barcelona,acabó los primeros 45 minutos con la sensación de que el marcador bien podía haber mostrado uno o dos goles más en nuestra casilla. Pero no fue así y lo acabamos pagando.

No se vino abajo el Atleti tras la reanudación, ni mucho menos. Ni tampoco el Barça se comió a los nuestros. Pero poco a poco, minuto a minuto, las líneas se fueron distanciando, los huecos fueron apareciendo cada vez más donde antes sólo había piernas rojiblancas. Donde en el primer tiempo el balón se aguantaba minutos y se acababa jugada, en el segundo apenas nos duraba segundos. Salió Gaitán para dar frescura y el argentino volvió a demostrar que o no sabe lo que tiene que hacer o, peor, no le apetece. Y el desgaste fue haciendo mella hasta que, en el minuto 82, no llegó Filipe, no llegó Godín, no llegó Savic y no llegó Juanfran. Y sí llegó Suárez.

Quién sabe lo que hubiese pasado con un delantero arriba que hubiese sabido aguantar el balón. Un delantero de esos que les metes un pelotazo y te sacan una ocasión. Un delantero de esos que cae, combate, y se levanta. Un delantero que no es ciencia ficción sino que estaba ayer en la grada, y en enero estará sobre el verde.

Al final, sobre todo con esa última falta en la frontal en el descuento que regaló Griezmann al Barça, el empate no supo tan mal. La sensación generalizada fue la de que podíamos haber perdido el partido en 8 minutos, pero también la de que con un poco más de acierto podríamos habernos ido con los 3puntos. Pero la percepción también fue la de que el espíritu del Calderón por fin apareció en las gradas del Metropolitano. 90 minutos de pasión fueron suficientes para demostrar que, rodee lo que rodee al partido, y se quiera orquestar lo que se quiera orquestar, una vez que rueda el balón sólo importa una cosa:el Atleti, y nada más.

COMPARTIR
Artículo anteriorDepresión o victoria
Artículo siguienteEn defensa del Cholismo
Guillermo Valiente

Redactor de cholismo y fiel seguidor del Atlético de Madrid. Abonado desde el 1994 y perteneciente a la generación del doblete. Primero el atleti y después el resto. Su dureza dureza tanto dentro como fuera del campo recuerda a la de Bruce Harper.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here