Qué lástima

"Es un orgullo ser de este equipo" Filipe Luis "La afición se merece insistir, insistir, insistir" Saúl Ñíguez "Nunca dejamos de creer, en ningún momento" Jose María Giménez "Es cuestión de tiempo" Fernando Torres "Orgulloso de nuestra gente" Gabriel Fernández "El entusiasmo de la gente no se negocia" Diego Pablo Simeone

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Atlético Real Madrid Griezmann

Qué lástima que esos 20 minutos iniciales se quedasen ahí. Qué lástima que tras el 2-0 diésemos un pasito atrás. Qué lástima ese gol suyo cuando se acababa el primer tiempo. Qué lástima que los tres que cerraban a Benzema tuviesen tarjeta. Qué lástima no haber aguando el 1-0 o el 2-0 en la ida. Qué lástima no tener más gol. Qué lástima esta oportunidad perdida de llegar a otra final de Champions, de acercarnos a esa obsesión y ese sueño que parece escapársenos una y otra vez. Qué lástima.

Qué lástima que el arbitraje UEFA se parezca tanto al arbitraje español. Qué lástima que todas las faltas del primer tiempo del Atleti fuesen tarjeta. Qué lástima que los intentos de asesinato de Ramos y Casemiro fuesen sólo falta o ni eso. Qué lástima que se dejase jugar a unos y a los otros no. Qué lástima.

Y qué lástima ser del Madrid. Qué lástima ser una afición que sólo anima cuando ya has marcado. Qué lástima que tu mejor jugador no celebre los goles de tu equipo sino que se dedique a hacer aspavientos. Qué lástima ser el equipo más laureado de la historia y sólo presumir de eso, sin pasión, sin honor, sin amor. Qué lástima que tus jugadores salgan a celebrar la clasificación para la final de la Champions y no quede apenas nadie de tu afición y casi toda la del equipo eliminado siga presente, bajo la lluvia. Qué lástima que el equipo que ha sido eliminado tenga más orgullo que tú. Qué lástima que esos 40 minutos sin whatsapps, sin tweets, sin publicaciones en redes no hubiesen durado más. Qué lástima no saber ganar. Qué lástima no saber perder. Qué lástima.

Y sobre todo qué lástima que la justicia poética se siga escapando. Qué lástima que nos siga eliminando año tras año esa sarta de payasos vestidos de blanco (ayer de negro, color que sin duda les va bien). Qué lástima que no pudiésemos hacer honor al templo que anoche vivió sus última horas de fútbol europeo.

Un lástima sí, pero nos levantaremos como ya hemos hecho antes. Volveremos más fuertes, mejores. Volveremos a cambiar la lástima por gloria. No hubo lágrimas anoche, y si las hubo, fueron de emoción. De emoción por pertenecer a una tribu distinta, especial. Por hacer del grupo la fuerza, no ya sobre el terreno sino en la grada e incluso en el día a día. Por entender el fútbol, y en suma la vida, con tamaña pasión y compromiso, con ese amor incondicional que no depende de si luce el sol o diluvia tanto literal como metafóricamente. Cuando parece que es hora de abandonar suceden momentos como los de anoche que te hacen creer, que te hacen recordar por qué tienes esta enfermedad dentro, por qué no cambiarías jamás veinte copas de Europa en otro equipo por un minuto en el Calderón, por qué estás orgulloso de ser indio, colchonero, rojiblanco, orgulloso de ser uno de los nuestros, de no ser como ellos. Orgullosos.

PD: Reclamamos encarecidamente una subida de sueldo con efectos inmediatos para el encargado de la megafonía que puso a todo volumen ‘El Venao’ cuando los jugadores del Madrid salieron a celebrar la clasificación con los fotógrafos (aficionados ciervos ya no quedaban).

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Guillermo Valiente

Redactor de cholismo y fiel seguidor del Atlético de Madrid. Abonado desde el 1994 y perteneciente a la generación del doblete. Primero el atleti y después el resto. Su dureza dureza tanto dentro como fuera del campo recuerda a la de Bruce Harper.

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