Caer para volver a levantarse

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Aunque ni mucho menos fue el de ayer el peor partido del Atleti esta temporada, sí es cierto que fallamos como nunca en defensa y como siempre en ataque. El Celta salió justo vencedor en un duelo en el que fue superior en la ida y en la vuelta. Con un poco más de picardía y de ambición en la delantera, también es cierto, el resultado bien podría haber sido otro; una reflexión que igual deberían plantearse en los despachos del Calderón, habida cuenta de que ni yendo por detrás en el marcador confió el Cholo en sacar a Jackson al campo. Algo que parece un recado a los que mandan en toda regla.

Un buen partido

Más allá de que se perdiera, más allá de que recibiésemos tres goles en el Calderón, más allá de la eliminación copera, lo cierto es que el partido fue un gran ejemplo de fútbol. Los primeros veinte minutos dieron la sensación de que con un poquito de suerte y un poco de malicia el Atleti se pondría por delante de un momento a otro. El Celta limitaba sus ataques a esporádicas apariciones de Orellana (espectacular eliminatoria la del chileno) y peleas arriba de Guidetti hasta que consiguieron forzar un córner y ahí, donde se supone que somos referentes, nos dormimos. Sacaron en corto para que el propio Orellana colgase al área pequeña y, solo, Pablo Hernández marcara el primero.

No tardaría Griezmann, cómo no, en igualar el marcador tras un rebote a disparo de Carrasco. Ya en la segunda parte un zapatazo brutal de Guidetti hundió al Atleti que, básicamente, se dejó llevar y acabó defendiendo con la mirada el tercer gol celeste. Correa acabaría recortando distancias para poner algo de tensión a los últimos cinco minutos, pero la impotencia acabó siendo la que marcó el tono atlético tanto en la grada como en el campo.

Sorprendentes errores y algo de esperanza

A excepción de la portería el once que saltó al campo podía considerarse tranquilamente el once titular atlético. Por eso sorprende más si cabe que dos de los tres goles visitantes derivasen de la indolencia defensiva de los nuestros. Los dos remates de Pablo Hernández se produjeron sin presión alguna ni al que centraba ni al que remataba. Las pérdidas de balón en salida, por su parte, fueron culpables en última instancia de los goles recibidos en los tres casos. Lo nunca visto en el cholismo se vio concentrado en un partido.

Pero no desesperemos, no nos abandonemos al pesimismo. No se puede echar en cara a los nuestros que no lo diesen todo, que no lo intentasen hasta el final. Saúl, tras haber perdido el balón que dio lugar al 1-2, se echó a llorar en el banquillo. Esa pérdida, ese gol derivado de su error quizá podría habernos hecho cargar las tintas contra el canterano, pero esas lágrimas, ese sentimiento de culpa sólo muestra a un atlético más, a un amante de un escudo para el que unos cuartos de final de Copa son el partido más importante de su vida; porque es el que está jugando el Atleti. Y todos los partidos que juega el Atleti son los más importantes de nuestra vida. Con ese sentimiento que no se queda en Saúl, que está en todos y cada uno de los integrantes de la plantilla del Cholo, no podemos más que tener esperanza. Dos malos resultados no pueden hacer perder la fe, no pueden hacer que reneguemos. Queda mucho. Muchos goles de Correa, muchos kilómetros de intensidad, de creer, de soñar. Queda Liga y queda Champions, queda Atleti.

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