Bienvenidos al futuro

"Desde que soy jugador y entrenador, nunca vi una cosa igual" Diego Pablo Simeone

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Griezmann Atleti Málaga Wanda Metropolitano

Una mudanza nunca es fácil. Una mudanza provoca tensiones, discusiones y tiranteces. Está quien quiere seguir viviendo donde vivía y quien no ve el momento de cambiar, sobre todo si es a mejor. Pero en cualquier caso es duro mudarse, muy duro dejar un sitio del que te enamoraste siendo un crío y que ha sido escenario de tus más apasionados momentos. A tu nueva casa le vas a buscar lo que falla, lo que no es como antes, lo que te falta. Pero al final te haces, al final ves lo bueno. Y la verdad, todo sea dicho, el Metropolitano tiene mucho bueno.

La primera impresión que te causa el nuevo mejor estadio de Europa es que has viajado a otro  lugar. Bien podría ser un estadio de la NFL, o bien podría ser uno de esos estadios que albergan una final de Champions y que visitas una vez en la vida pero a los que no te imaginas yendo cada 15 días. Pero sí, es nuestro nuevo hogar, y es un espectáculo. Más allá de lo impresionante del recinto y de que faltan cosas por pulir lo importante es que suena, que suena mucho. Cada cántico retumba contra la cubierta como un trueno rasgando la noche, cada ocasión hace vibrar el Metropolitano como si aquello fuese a venirse abajo. Arquitectónicamente es brutal, tremendo, eso ya lo sabíamos, pero ayer le pusimos lo que le faltaba para ser de verdad el nuevo estadio del Atleti: el alma.

Faltan cosas, eso sí. Muchos de los baños permanecían aun cerrados generando las mismas colas que nos tocaba aguantar en el Calderón cuando apretaba la vejiga. Los bares de dentro ya no tienen a los dos señores que mientras te ponían una Coca Cola, una Fanta, un Aquarius y tres bocatas le estaban dando el cambio a otro y a un tercero le explicaban que de jamón ya no quedaban. Ahora unos muchachitos imberbes te atienden al ralentí teniendo que pedir permiso tres veces cada vez que tienen que apretar un botón de la caja, dando lugar a interminables esperas para intentar hacerte con un bocata de esos a 5 euros. Pero son aristas que se pulirán. Como también tendrá que pulir LG el tema de los videomarcadores que dejaron de funcionar durante buena parte de la segunda mitad. A más de uno se nos asomó una lagrimita a los ojos recordando los míticos relojes de Viceroy de los marcadores del Calderón que nunca llegaron a dar la hora. Pero, como decimos, si todo lo malo que podemos rascar de un estadio aun por terminar son menudencias, bendito problema.

El Atleti, por su parte, nos regalo un partido de Cholismo puro. Sobriedad, seriedad y calma. Las intervenciones de Oblak se limitaron a un par de llegadas malaguistas al final del primer tiempo. El resto del partido fue manejado por los nuestros con parsimonia,sin nervios. Hasta que Angelito tuvo a bien inventarse una jugada de las suyas en banda derecha para ponérsela a Griezmann y que el francés inaugurarse el primer marcador de la historia del Metropolitano. 1-0 y a celebrar, Cholismo.

El primer gol del Calderón es histórico no por ser el primero, sino porque lo metió Don Luis Aragonés. Quiera el destino que la relevancia histórica de Antoine para el Atleti acabe siendo la mitad que la de Zapatones para que así, este gol, el primero del nuevo Templo, sea tan importante como aquél al Valencia. En su mano está. En la nuestra está el darle a nuestra nueva casa el aura que se le dio al Manzanares. Nos pueden cambiar el escudo por un logo, nos pueden vestir con un pijama del Pryca, nos pueden cambiar de casa, pero, ay amigo, el sentimiento permanece. El Metropolitano es el mejor estadio de Europa, si lo sumas a la mejor afición del continente y al mejor entrenador del mundo sólo queda hacer historia. Porque lo de ayer todavía no es historia, historia es lo que está por venir. Bienvenidos al futuro del Atleti.

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Guillermo Valiente
Redactor de cholismo y fiel seguidor del Atlético de Madrid. Abonado desde el 1994 y perteneciente a la generación del doblete. Primero el atleti y después el resto. Su dureza dureza tanto dentro como fuera del campo recuerda a la de Bruce Harper.

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