Ejercicio de estilo

"No nos salimos de la línea del partido a partido. Para llegar a los objetivos, hay que seguir con lo diario" Diego Pablo Simeone

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Saúl Atlético Betis

Cayó el Villamarín, como cae el Betis cada vez que se enfrenta al Cholo, como cae Setién casi siempre que tiene que vérselas con Simeone. Viene el entrenador cántabro intentando desde que comenzó la temporada hacer una distinción entre fútbol bueno y fútbol malo, siendo el suyo el bueno. Ayer los nuestros salieron convencidos de demostrar que el relato futbolístico y su expresión plástica sólo cuenta cuando viene acompañado de resultados. Con un 25% de posesión y tres puntos se volvieron para Madrid dejando al Betis con el balón en su poder y cero puntos en su casillero. Simeone volvió a demostrar que jugar bien al fútbol no tiene nada que ver con jugar bonito.

El encuentro de ayer viene a ser la máxima expresión del Cholismo. Si algo vino a la mente viendo el ejercicio de sobriedad del Atleti fue ese equipo que levantó Europa League, Copa y Liga en tres años consecutivos. Ese Atleti regalaba 4 o 5 partidos de puro espectáculo cuando tocaba decidir los títulos, pero en el día a día, en los momentos en los que no se ganan campeonatos pero sí se pierde, los chicos del Cholo se ponían el mono de trabajo y, especialmente fuera de casa, regalaban el balón al rival y se quedaban los goles para ellos. Si hay alguien al que el partido de ayer no le recordó a aquellos del Atleti campeón de Liga, es que ese alguien no veía los partidos del Atleti campeón de Liga.

Parece que espoleado por las críticas de Setién a su manera de entender el fútbol, Simeone se plantó en Sevilla con un once hecho para la batalla. Cuatro mediocentros aparecían en el centro del campo dibujado por el Cholo con Correa y Gameiro arriba. Podía parecer un engaño, una ficción ideada por el banquillo rojiblanco que luego se tornaría en un dibujo distinto. Nada más lejos de la realidad. Dos líneas de cuatro perfectamente reconocibles ejercían de cinturón de seguridad por delante de Oblak. El Betis se dedicaba a tocar y tocar y a mandar jugadores al ataque sin poner en peligro la portería atlética. Los nuestros fiaban su ataque a que Correa o Gameiro enganchasen algún balón y pudiesen montar una contra. Algo que no sucedió.

Pero allí apareció Godín con un pase de 40 metros que rompió la defensa bética para dejar solo en banda a Vrsaljko. El croata levantó la cabeza y puso un centro al área que era puro veneno al que no llegó Gameiro pero sí la llave de este equipo, el hombre que soluciona todo cuando parece que no hay solución: Don Saúl Ñíguez. El ilicitano volvió a regalar una victoria con un gol a base de ímpetu y fe, las dos palabras que mejor definen al número 8, heredero del dorsal que dejó el gran Raúl García.

A partir de ese gol y especialmente en la segunda parte, el Cholo decidió agudizar su apuesta. Cada cambio añadía rocosidad y sacrificio táctico al equipo. El partido del Villamarín tiene que servir de muestra de cómo este Atleti ha aprendido a sufrir desde que empezó la Liga. Los pasos atrás de las primeras jornadas se daban timoratos, con pavor a un arreón del rival. Hoy se dan conscientes, con la cabeza fría y la seguridad de ejercer el control del partido a partir de el posicionamiento táctico. No estamos ante un Atleti perfecto, pero sí al más parecido al Atleti campeón. Aquel que sacaba un once distinto en cada partido, aquel que proponía 3 disposiciones tácticas durante los noventa minutos sin necesidad de hacer cambios. No es un Atleti bonito, no es un Atleti espectacular, pero es un Atleti mejor: El Atleti del partido a partido.

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Guillermo Valiente
Redactor de cholismo y fiel seguidor del Atlético de Madrid. Abonado desde el 1994 y perteneciente a la generación del doblete. Primero el atleti y después el resto. Su dureza dureza tanto dentro como fuera del campo recuerda a la de Bruce Harper.

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