Y se acabó

"Nadie puede igualar su sentimiento" Diego Pablo Simeone

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atletico athletic despedida del calderón

Llegó el último partido de nuestro estadio, la última batalla del lugar que ha enamorado a generaciones de atléticos. Se escribió el último renglón de una historia cargada de pasión a orillas del Manzanares. Un renglón emocionante, lleno de orgullo, lleno de memoria. Un renglón que quedará para siempre en la retina de todos aquellos que nos hemos enamorado de esas gradas teñidas perennemente de rojiblanco, ambientadas por las miles de gargantas que han cantado una y otra vez esos versos ahora obsoletos que rezan “yo me voy al Manzanares, al estadio Vicente Calderón. Dicen que queda una final de Copa , que queda un partido homenaje, pero para los que hemos amado y vivido este templo del fútbol el último gol del Calderón será siempre el de un chavalito argentino llamado Ángel Correa; el último encuentro será siempre el del doblete de Torres, el del discurso del Cholo.

Quien más y quien menos tuvo ayer las lágrimas asomándose a sus ojos en algún momento de la tarde, ya fuese con el último ramo de Doña Margarita, con los cánticos que durante 90 minutos recordaron a los mitos que pisaron nuestro templo, con los goles de el Niño, con el desfile de veteranos y títulos,  con el homenaje a Luis, o con el discurso de Garáte, de Gabi o del Cholo. Con los sentimientos a flor de piel la tarde fue un canto a nuestra historia en donde jugadores, cuerpo técnico y afición estuvieron a la altura de tan histórico momento. Otra cosa es la directiva.

El partido en sí fue un trámite en donde los que no se jugaban nada se tomaron más en serio la efeméride que los que de verdad necesitaban puntuar. La emoción de la tarde supuró en cada uno de los minutos que se jugaron. El doblete de Torres, el empeño de Griezmann en que el Niño y Tiago hiciesen gol o el emotivo partido-despedida de este último fueron aderezando una tarde histórica en lo simbólico. Fue, precisamente, el cambio de Tiago por Correa el momento que más emoción transmitió desde el verde hacia la grada. Se despedía el portugués del Atleti dejando un partido que nos hace dudar seriamente de si, como dice, “no está a la altura de este Atleti”. Se va el que quizá sea el mejor mediocentro que ha vestido la rojiblanca en los últimos 20 años. Se va un símbolo, un emblema, un jugador que se hizo del Atleti, como nos hicimos todos en algún momento de nuestra vida, en una derrota (contra el Sevilla en la final de Barcelona). Un jugador que ejemplifica a la perfección la evolución de nuestro equipo desde la primera Europa League. Se va un leyenda, se va un atlético, se nos va Tiago.

No acabó ahí la tarde ni mucho menos. Tras los 90 minutos se procedió al merecido homenaje al equipo femenino por su recién conseguida liga, a los títulos conseguidos en el calderón y, según dijeron por megafonía, a la afición. La “ceremonia”, como todo aquello que se orquesta desde la directiva, fue lenta, a ratos tediosa y una especie de batiburrillo cutre entre evento deportivo americano, ceremonia de los Razzies y verbena de San Isidro. Pero no pasa nada, allí había 57000 personas que sí se tomaban en serio el último día de su casa, de su templo. 57.000 personas que volcaron su sentimiento en un día triste y emocionante para los que hemos crecido bajando Acacias, para los que hemos visto aparecer el Calderón al final del Paseo de los Melancólicos, para los que íbamos saltando desde puerta de Toledo para intentar ver el techo del Calderón entre los edificios y la fábrica de Mahou. Ayer se nos fue parte de nuestra vida, parte de nuestro corazón.

Y si a la altura estuvo la afición también lo estuvieron las jugadoras del femenino, los veteranos, la plantilla y el cuerpo técnico. Cuando parecía que se apagaba ya la llama del estadio y de la tarde fue cuando más intensa brilló la pasión rojiblanca. Primero Gárate, ídolo de nuestros padres y abuelos, fue el encargado de pintar la tradición atlética sobre el lienzo emocional que ayer se desplegaba para todos los atléticos. Después Gabi nos recordó en pocas palabras que es uno de los nuestros que tiene la suerte de vestirse de corto. Y por último Él, el cabronazo que sabe qué teclas tocar y cómo emocionarnos con una frase, el hombre que guía nuestro barco con mano férrea, el que cree y nos hace creer: Don Diego Pablo Simeone. Anoche despedimos una casa de a que nunca nos quisimos ir, una casa de la que, en pos del negocio y del mamoneo de la directiva nos han echado sin preguntarnos, una casa que es parte de nuestra historia, de nuestra alma, parte de nosotros. Igual que nuestros abuelos nos cuentan que estuvieron en al inauguración del Calderón, cuando la leyenda de Luis comenzaba a escribirse,nosotros contaremos a nuestros nietos que estuvimos en la clausura, en plena era Cholo, cuando el Atleti recuperaba la grandeza. Hasta siempre amigo, siempre serás parte de nosotros.

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Guillermo Valiente

Redactor de cholismo y fiel seguidor del Atlético de Madrid. Abonado desde el 1994 y perteneciente a la generación del doblete. Primero el atleti y después el resto. Su dureza dureza tanto dentro como fuera del campo recuerda a la de Bruce Harper.

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