De la llamada de Suárez a la revolución de Costa

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Partidazo en el vicente calderón

Con la llegada del Cholo el año pasado, Mario fue al banquillo. Había sido uno de los fijos para Manzano pero le costó hacerse con un puesto bajo la tutela de Simeone. Poco a poco, sin embargo, fue convenciendo al míster y se vio que podía asumir el rol de guardaespaldas del equipo. Tanto fue así, que acabó siendo la pieza fundamental de las finales europeas. Ahora, ha llegado la llamada de la selección.

Hace unos días hablábamos del poco respeto hacia nuestra casa que se muestra habitualmente desde las listas de la selección. Hoy, gracias a que el “segador de Concha Espina” ha decidido borrarse de la convocatoria, podremos ver entre los elegidos a uno de nuestros baluartes. Muchos infieles criticarán su llegada al equipo de todos por ignorancia y desconocimiento. Los que guardamos en la retina aquella noche mágica de Bucarest, en la que Mario escribió un libro de estilo sobre lo que debe hacer un medio centro, creemos que esta llamada debería haber llegado antes. Pero bueno, nunca es tarde.

Ayer, frente al Betis, como espoleado por la reciente convocatoria, Mario se marcó un partido de órdago. A su habitual solidaridad y derroche de casta, se unió una vena ofensiva que hacía tiempo que no sacaba. En una labor que habitualmente recae en Gabi, mostró que tiene recursos para aportar una concepción de la salida de balón distinta a la de nuestro capitán. Pero claro, más allá de eso, lo verdaderamente reseñable del encuentro ante el Betis fue la guerra contra la línea del centro del campo bética en la que casi todas las batallas cayeron de nuestro lado. En definitiva, Mario mostró ayer (como viene mostrando en el último año) que es un medio centro moderno…como los de antes.

El canterano, pues, aportó la estabilidad, el control y la sobriedad. Cualidades, todas ellas, extrapolables al concepto cholista del juego y que aportan esa base y esa claridad defensiva a partir de la cual el Atleti crece en los partidos. La cuestión era que, tras una hora de juego, el mantenimiento de las instituciones dentro del universo del partido parecía conducirlo hacia el 0-0. Hacía falta una revolución. El Calderón era consciente y por eso retumbó cuando vio a nuestro Robespierre particular despojarse del chándal de calentamiento. Parecía que aquéllo se venía abajo cuando, a falta de media hora, Diego Costa pisaba el verde y daba comienzo a otro partido.

Si revolución queríamos, revolución tuvimos. Costa enloqueció el ambiente, sacó a la defensa del Betis del partido y metió de lleno a la afición. Es lo que tienen los monográficos sobre la dureza de Diego o los palos físicos y frente a micrófonos de algunos rivales: cuanto más le den más nuestro será. Cada vez más se ve en Diego Costa un producto y un reflejo del Cholismo y, como quiera que el cholismo viene a ser sinónimo de lo que es el Atleti, Costa se está convirtiendo en ADN de este Atleti.

Fue, precisamente, con un gol de Diego como alcanzamos la vigésima victoria consecutiva en nuestro templo. Una racha que toma verdadera importancia en partidos como el de ayer, que no se ganan, sino que se arrebatan al rival. Lo que en cualquier otro escenario sería un 0-0, en nuestro mundo se batalleará la victoria entendiéndola como único desenlace posible. Partidos como el de ayer, como dijo el Cholo, hacen que los atléticos estemos orgullosos de nuestros jugadores. Aunque lo cierto es que este año eso sucede casi cada tres días.

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