Fernando Torres, entre el amor y el odio

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torres gol 100

Se va Torres. La noticia ha generado mucha repercusión, a pesar de que fuera un secreto a voces. O incluso ni eso. Más allá de las malinterpretadas palabras del Cholo sobre la comparación entre el esfuerzo que debía hacer el club por retener a Torres y el esfuerzo que debía hacer por retener a Griezmann, la verdad es que el Niño ya no tenía hueco en este Atleti. De hecho, podría haber salido el pasado verano. En un primer momento, la idea del club era que se quedara. El Cholo no lo tenía tan claro. Todo pasaba por la llegada de Diego Costa y la decisión que tomase en consecuencia Gameiro. Finalmente llegó la maldita sanción FIFA, y ni llegó Costa ni Gameiro se planteó irse. Por lo que Torres se quedó. Así además estrenaría el nuevo estadio. Pero más allá de estas excepcionales circunstancias, el rendimiento deportivo de Torres unido al nivel de la plantilla (una vez se pudiera fichar) apuntaban a que en buena lógica este sería el último año del Niño en el Atleti. Y así será. Pocos habrá que se puedan sorprender por lo que Torres anunció ayer. Pero vayamos al fondo de la cuestión. Y es que la figura de Torres es más controvertida dentro del mundo atlético de lo que pueda parecer en un primer momento. En los medios de comunicación es cierto que todos le adoran. El aspecto personal seguramente pesa mucho. Pero en la calle, entre los seguidores rojiblancos, no hay tanta unanimidad. Visto desde fuera, puede que a muchos les extrañe. Un aficionado del Valencia o del Betis, más allá de que como futbolista les pueda gustar más o menos, no dudarán en considerar a Torres una leyenda rojiblanca. Pero dentro de la afición del Atleti hay opiniones para todos los gustos. Opiniones de todos los gustos ahora. Porque antes del verano de 2007 la opinión del aficionado rojiblanco era unánime: Torres era una leyenda.

Aquel verano de 2007

¿Por qué se fue Torres? He aquí la madre del cordero. Muchos piensan que se fue simplemente porque quería ganar más dinero y jugar competición europea por primera vez en su vida. Sí, esto es un dato objetivo: Fernando Torres, con 23 años, siendo uno de los mejores delanteros de Europa o al menos con mayor proyección, deseado por los mejores equipos del viejo continente, y llevando 6 años de futbolista profesional, aún no había jugado ni siquiera la UEFA. Este es un dato que muchas veces se olvida, y más cuando el aficionado atlético está ahora acostumbrado a jugar Champions todos los años. Ahora para el seguidor del Atleti es obligatorio ganar la UEFA. En el año 2007 ganar la UEFA era un sueño inalcanzable. Por ello, muchos entendimos la decisión de Torres y nos sentimos identificados con él. Otros lo vieron como una traición y jamás lo entendieron. Seguramente, estos últimos eran precisamente los que más le idolatraban hasta entonces. Del amor al odio hay un solo paso. Siguiendo con el razonamiento, se suele contrargumentar con los casos de Gerrard en el Liverpool y Totti en la Roma. Partiendo de la base de que son casos excepcionales en el fútbol de los últimos 20 años, cabe además poner de manifiesto lo basto de la comparación. Repetimos: Torres en el Atleti, en 6 años de profesional, no jugó ni la UEFA. De títulos ni hablamos. Gerrard, tras sus primeros 6 años en el Liverpool, ya había jugado dos ediciones de Champions, amén de ganar una UEFA, una Supercopa de Europa, dos Copas de la Liga, una FA CUP y una Supercopa de Inglaterra (Community Shield). En la séptima, por cierto, ganó la Champions. Vayamos con Totti. Tras 6 años en la Roma, ya había jugado 4 temporadas en competición europea. Ciertamente los títulos no llegaban, pero estaban cerca. Desde luego mucho más cerca que con un equipo cuya aspiración máxima a final de temporada era clasificarse para la Intertoto. Con suerte. Por todo ello, la comparación de la situación de Torres en sus primeros años en el Atleti con la de Gerrard o Totti es absurda, cuando no malintencionada. Pero es que además, hay otra razón más que se suele olvidar sobre la marcha de Torres. Viendo los protagonistas, no extraña que se olvide. Son expertos en escapismo a la hora de asumir responsabilidades. Sí, hablamos de Gil y Cerezo. Y es que otro motivo que pesó, y mucho, en la decisión de Torres de irse, fue que la directiva le puso contra la espada y la pared. Eran conscientes de que el nivel de la plantilla no era ni mucho menos el esperado año tras año desde la vuelta a primera. Pero claro, para hacer una plantilla competitiva hacía falta dinero, y no lo había. No lo había, todo sea dicho, por culpa de la nefasta gestión de Gil (junior y senior) y compañía. Así que Torres llegó a la conclusión lógica a la que todo el mundo que estudie el asunto sosegadamente llegaría: lo mejor para todos era que se fuera. Él, aunque dejaría de vestir la camiseta que siempre soñó vestir, crecería enormemente en su carrera profesional, tanto deportiva como económicamente. El club sanearía sus cuentas con la venta de un jugador que había tenido coste cero para la entidad, y podría crecer deportivamente. Ambos acertaron en sus previsiones. Pero entonces, si la marcha de Torres fue tan buena para el Atleti, ¿Por qué hay tantos atléticos que la sintieron y la sienten como una traición? Pues porque el amor no atiende a razones. Conocemos mil casos de hombres y mujeres que vemos como sus parejas las están destruyendo. ¿Por qué no las dejan? Porque están enamorados de ellas, así de sencillo y así de complejo. Con Torres es igual. Aunque algunos lo quieran esconder, todos los que ahora critican tanto a Torres desde el resentimiento por aquella marcha al Liverpol, eran los fans nº 1 del Niño hasta 2007. Forraban las paredes de su habitación con sus posters, se compraban todas sus camisetas y pedían que fuera titular indiscutible en la selección con 18 años. Del amor al odio, como decía hay un solo paso. Y más bien corto.

Torres en el Atleti (1ª parte)

Por ello, y respetando los sentimientos de cada uno (y más el del odio nacido del desamor, que es seguramente el segundo sentimiento más antiguo del mundo), creo que es de justicia que se intente juzgar la trayectoria de Torres en el Atleti de forma desapasionada. Si se puede. Torres hizo dos cosas importantísimas para el club, aunque no se puedan ver en la sala de trofeos en forma de Copa o medalla. La primera, fue la de ser el único clavo ardiendo al que los atléticos nos pudimos agarrar en la época más nefasta de la historia del club. Y es que, viajando en el tiempo hasta el momento más horrible del Atleti (el “no ascenso” en Getafe en 2001), todos teníamos en mente que al menos teníamos a Torres (y a Luis, que estaba por llegar a las pocas semanas). Después, una vez vueltos a primera, el club se metió en una vorágine de fichajes y ventas en las que Torres era el único símbolo que se podía ver sobre el césped o el banquillo (tras la marcha de Luis). Todo esto ya es mucho. Pero es que además Torres supo tener la cabeza lo suficientemente fría como para decidir en el momento adecuado que era la hora de su marcha, tanto por su propio bien como por el del club, que es lo que nos importa aquí. Y se fue. Y luego volvió. Y los que cada vez que veían a Torres se les reabrían en el corazón profundas heridas del pasado, empezaron, en cuanto pudieron, a hablar del entorno de Torres.

Torres en el Atleti (2ª parte)

Como decía, volvió Torres. Le metió dos goles al Madrid en el Bernabeu, otro más al Barsa en esa misma Copa del Rey. Luego llegó Jackson, no cuajó y Torres volvió a la primera línea. Contribuyó con su trabajo (y su gol al Barsa) a conseguir el milagro de llegar a Milán. Lloró cuando no se consiguió culminar el milagro. Marcó su gol 100. Llegó Gamerio. Tampoco convenció, pero no se fue. La participación de Torres pasó a ser intermitente, y su rendimiento se fue apagando. Marcó, como debía ser, en el último partido en el Calderón. No pudo venir Costa en verano, y Torres se quedó. Quería además estrenar el nuevo estadio. Llegó Costa, Gameiro se quedó y mejoró (todos los que se quedaron mejoraron) y quedó claro que el Niño se iba. Pero en estas, jefe de comunicación de la empresa que representa a Torres dijo, en una tertulia radiofónica en la que lleva años participando, que, si por él fuera el Cholo no seguiría (cosa que por cierto dicen muchos aficionados atléticos, sobre todo cuando vienen mal dadas). Y resultó que la culpa de que ese señor dijera lo que dijo era de Torres. O al menos eso dijeron los del “corazón partío”. Nada más lejos de la realidad. Torres no es responsable de lo que diga o haga este señor o cualquier otro, por muy amigo suyo que pueda ser. El Cholo así lo valoró, y contestó con elegancia al susodicho sujeto, sin ninguna referencia y menos reprimenda a Torres. Por tanto, intentar culpar a Torres de esto e intentar por ello empañar su despedida es de nuevo absurdo, cuando no malintencionado.

Homenaje

¿Merece Torres un homenaje? Pues sinceramente no lo sé. ¿Se lo merecía Peiró, que se fue al Torino con 26 años cuando el Atleti era un equipo puntero en España pero en apuros económicos? ¿Se lo merecía Kiko que no lo tuvo? ¿Se le merecerán en su momento Filipe Luis o Gabi? Yo me inclino a pensar que sí. Cualquiera que haya defendido la camiseta del Atlético de Madrid durante tantos años dejándolo todo en el campo merece un homenaje por parte del club y la afición. Despedirse de los suyos en su estadio, ovacionado, con sus mejores jugadas en el videomarcador. Al final y al cabo, lo que creo que se debe homenajear es más el compromiso con el club y los colores que los meros resultados o títulos. Somos el Atleti, no el Madrid.

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