La Vergüenza

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partido frente al rubin en el calderón

El cholo simeone en el calderón

Segundos en Liga, en semifinales de Copa y con 20 partidos consecutivos ganados en casa. Con ese balance, alguien que se hubiese acercado ayer al Calderón por primera vez no hubiese entendido nada. Lo que ayer sucedió en el Manzanares no tiene explicación. No estamos hablando de fútbol, estamos hablando de lo que sucedió en gran parte de la grada, cuya memoria frágil y difusa parece tener una facilidad asombrosa para olvidar los últimos 14 meses, si no los últimos 20 años.

Segundos en Liga, en semifinales de Copa y Asenjo como segundo portero. Cierto es que el error de Sergio en el primer gol condiciona, y mucho, el partido, pero lo que no se puede hacer es sacar del partido a tu propio portero. Un delantero nervioso falla goles, un centrocampista pierde balones, un central no despeja, pero un portero concede goles. Se le puede recriminar, por supuesto, su actuación, pero no puede ser el blanco de silbidos e insultos cada vez que se acercaba el balón. La última vez que sucedió algo así el Barça nos metió 6 en casa. Como también, por otro lado, habría que tener en cuenta que el chaval llevaba 3 meses sin jugar un partido y lleva 2 años entrando y saliendo de la enfermería cada poco tiempo.

Segundos en Liga, en semifinales de Copa y todos los equipo de fútbol tienen malas rachas. Excepto los dos adulterados, cualquier conjunto del mundo tiene picos y valles de forma a lo largo de la temporada y nosotros estamos en un bache. Era evidente que iba a llegar, que el idilio no iba a ser perpetuo, pero aún así seguimos muriendo en los partidos. Aunque contra el Rubin no se jugase precisamente el mejor partido del año, los nuestros lo intentaron de principio a fin. Con muy poca suerte también es cierto, pues si alguno de los rebotes que acabaron en las manos del portero o si el punto de mira en alguna que otra ocasión a dos metros de portería hubiesen variado su trayectoria unos centímetros, los que se pasaron el partido con los dedos en la boca hubiesen tenido que sacárselos para aplaudir a ¿su? equipo.

Segundos en Liga, en semifinales de Copa y con un rival que también jugó. Y muy bien, por cierto. Los rusos dieron ayer una lección de cómo se defiende una eliminatoria. Sobre todo a partir del gol, montaron dos líneas defensivas en la frontal de su área que trabajaron como si su vida dependiese de ello. No hubo un solo hueco por el que colarse en 90 minutos, no cedieron un centímetro en ningún momento y, con una defensa casi de 5 hombres en muchos momentos, sacaron todo lo que se intentó colgar al área. Especialmente reseñables fueron las ayudas defensivas en banda y el marcaje casi al hombre que le hicieron a Falcao. Cierto es que se nos viene vendiendo la falacia de que el fútbol es sólo posesión y ataque, pero lo que el Rubin hizo ayer es fútbol de verdad, del que se aprecia si consideras esto un deporte y no un espectáculo.

Segundos en Liga, en semifinales de Copa y con concepción vikinga del fútbol. El hecho de que en los informativos deportivos sólo se hagan encuestas a la salida de partidos del Centro Comercial de la Castellana o del Camp Nou ha hecho que muchos crean que el aficionado del Atleti es igual que el de los innombrables, incluso entre los nuestos. Olvidan, dando por hecho que algún día lo supieron, que al Calderón no se va a que te den circo, se va a luchar. En nuestra casa se muere por nuestro equipo, no se juzga desde nuestro altar como césares henchidos de ego a unos jugadores que, como sucede este año, han luchado y muerto con y por nosotros. Uno se enamora del Atleti a través de la pasión y no sólo por el ansia de victorias. No podemos pasar a no disfrutar de las alegrías, a darlas por hecho, porque el siguiente paso supondría que nuestro único vínculo emocional con nuestro equipo sería el cabreo por las derrotas.

Segundos en Liga, en semifinales de Copa y con muy muy poca memoria. Después de los últimos 3 lustros de Aguirres, Bianchis y Manzanos, en cuanto ganamos 4 partidos nos invade la amnesia. Pese a que hay que exigir el nivel del Atleti de nuestros abuelos, conviene recordar el de nuestra infancia y asumir de dónde venimos y el trabajo que en un año ha hecho Simeone. Hemos visto demasiadas medianías, demasiados indolentes, demasiados partidos insulsos perdidos por falta de ambición, tantos que el de ayer debería ser uno más en la lista y ni mucho menos el peor. Pero no lo es. No lo es porque hemos recuperado la sensación de ser grandes, la sensación de que se debe ganar todo y no renunciar a nada. Es una sensación sostenida por unos jugadores y un técnico que merecen mucho más crédito del que ayer les concedieron algunos.

Segundos en Liga, en semifinales de Copa y con un entrenador que es del Atleti. Ese es el único motivo por el que sube Asenjo a rematar el último córner. Fue salir el balón por el fondo y la inmensa mayoría del estadio se puso en pie pidiendo que subiese el portero. En el fragor de la batalla no veíamos la vuelta en Kazan, no había otro momento que ahora, no se podía salir con una derrota, Asenjo TENÍA que subir. Y lo que hizo el Cholo fue seguir nuestro instinto (que es el suyo) y hacer lo que siguiendo la razón en vez del corazón quizá no hubiese hecho, pero entonces ni esto sería el Atleti ni Simeone sería tan nuestro y nosotros tan suyos. Ahora, eso sí, después del partido todos lo habíamos visto venir, no hubo una frase más repetida en el Paseo de los Melancólicos que ‘te lo dije’.

Segundos en Liga, en semifinales de Copa y con mucho por jugar. Esperemos que el comportamiento de muchos se deba a que eran visitantes puntuales del templo, que venían cabreados por el día de trabajo o que venían calentitos por lo precios de las entradas para el partido. Lo cierto es que ayer, la mitad de los que ocuparon la grada salieron avergonzados del estadio. No por perder 0-2, no por hacerlo contra 10, no. Avergonzados por como se había comportado la otra mitad de la grada. Los dieciseisavos de la Europa League no son el momento para pitar el equipo. De hecho, este año ni ha habido, ni habrá, momento para pitar al equipo. Según se comenta en Italia, el Inter viene a por el Cholo. Más nos vale que siga haciendo caso al corazón porque si no, el año que viene, igual habrá que pitar con razón.

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