Maneras de palmar

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la real sociedad se enfrenta al atlético de madrid

Había una época en la que ir al Calderón suponía vivir en la incertidumbre. Había un cabreo casi asegurado en el camino de vuelta a casa. Daba igual que el partido se hubiese saldado con victoria, lo que se veía en el campo no daba para ilusionarse, no había compromiso ni comunión, no había fútbol, no había Atleti. Hoy sucede todo lo contrario. La primera derrota en casa en esta Liga no supuso tanta desilusión y rabia como cabría esperarse. Se vio luchar a los nuestros, entregarse, ir a por el partido. A pesar de ello, concedimos una sola ocasión en los 90 minutos, y esa ocasión fue gol. Cosas que pasan.

Ayza Gámez tiene el defecto de ser tan malo como los demás árbitros pero la virtud de no ser peor que ninguno. Es decir, tiene tan poca idea de fútbol como todos los demás. Pero achacar la derrota de ayer a un error arbitral sería injusto. Aunque el gol de la Real derivase de un fuera de juego, lo cierto es que en directo la posición no parecía tan clara. Ponerse a debatir si a la cuarta repetición queda claro si es o no posición ilegal deja de ser fútbol y es sensacionalismo. Este tipo de errores son de los que se puede decir la tontería del ‘a veces te dan y a veces te quitan’, frase que suele ser axioma para aquéllos a los que dan más que quitan.

El Cholo hizo de todo. Metió gente arriba, cambió de posición a toda la línea de mediapuntas, lo intentó por el centro, lo intentó por las bandas; sólo le faltó saltar al campo. El problema es que el Cholismo no se puede entender sin doble pivote y Koke ya no es medio centro. Lo fue, pero ha evolucionado hacia posiciones más adelantadas. El toque, control y clase que tiene el canterano no se ajusta al perfil de medio centro de este Atleti, que necesita de hombres más sacrificados y con mayor desgaste. No es una crítica a Koke, ni mucho menos, pero queda claro que los 3 medios centros de la plantilla no son suficientes. La salida de Emre parece que hizo más daño del que en un principio parecía.

En cualquier caso, si hay que perder, que sea así. Que sea con la entrega por bandera y sin que nadie pueda recriminar que no se ha puesto toda la carne en el asador. Si hubo un día en que en la victoria cabían reproches, hoy en la derrota sigue habiendo orgullo.

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