Nadie puede con este Atleti

Crónica del At. Madrid 2 Real Madrid C 0

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Ni la Federación con sus arbitrajes parciales, ni la LFP con sus horarios, ni mucho menos un equipo insulso y sin alma como el Getafe… ni siquiera los tres juntos. Nadie puede con este Atleti que con Diego Costa ha recuperado la versión más fiel de sí mismo, la que llevaba 3 años intentando recuperar y que por la inutilidad de sus dirigentes y la corrupción del fútbol actual no ha podido recuperar hasta este año 2018 recién empezado. Ya no hay Champions, pero hay Liga, hay Copa, y hay Europa League. Y sobre todo, hay un futuro ilusionante por delante. Si los Martínez Munuera de turno lo permiten, claro.

El juego de los rojiblancos fue el esperado. Consistencia defensiva atrás, y un Diego Costa arriba que de un melón hace una ocasión de gol. El de Lagarto dio una lección de como jugar de 9: bajó balones, repartió asistencias, disparó de fuera del área, remató centros laterales, y se peleó sin descanso contra unos centrales que contaban con el favor y el permiso del nefasto Munuera, que les dejó provocar y pegar a su antojo. Y no solo los centrales. Todos los jugadores del filial madridista tenían barra libre para repartir estopa. Ni una amarilla fue la consecuencia. En cambio, los del Cholo se llevaron 8 tarjetas en apenas 10 faltas. Los números saltan a la vista. Munuera fue a por el Atleti, pero ni aún así consiguió que el equipo del madridista Ángel Torres se acercase ni siquiera al empate. Mención especial, eso sí, hay que hacer a los aficionados del pueblo del sur de Madrid, que se desplazaron en masa hasta el Metropolitano a pesar del frío y la lluvia. Casi 300 poblaron el fondo norte del coliseo rojiblanco, prácticamente la mitad de la afición total que tiene el equipo azulón, todo un éxito.

La primera parte transcurrió entre palos de los getafenses y amarillas para el Atleti, hasta que en una triangulación al borde del área Griezmann se la puso a un Correa que estaba solo tras irse todos los defensas a buscar a Costa (a seguir intentando pararle a base de golpes imaginamos). El argentino no falló, y puso el 1-0 en el marcador. Entonces fue cuando empezó de verdad el dantesco espectáculo de Munera. Perdonó tarjetas al Getafe no ya claras, si no clamorosas, y en una recuperación limpia de Griezmann no solo señaló falta, si no que incluso le enseñó amarilla. Lo mas gracioso del tema es que encima los jugadores del Getafe protestaron (nadie sabe todavía muy bien el qué) y se montó una tangana que duró prácticamente hasta el descanso.

En la segunda parte, Munuera siguió destilando afán de protagonismo, mezquindad y chulería, recordando al mejor Mateu. La verdad es que el tal Munuera tiene pinta de que va a hacer una gran carrera en el fútbol español, como su compinche Mateu. Perdonó mas amarillas al Getafe, que ya habrían supuesto alguna que otra expulsión. Después, tras los enésimos palos a Costa, este trató de protegerse con los brazos, dando con uno de ellos en la cara al defensa del Getafe que le acosaba. Falta clara, y amarilla rigurosa. Después llegaría el clímax del partido, tras un buen centro de Vrsaljko y un gol made in Diego Costa. Este fue a celebrarlo con la afición del fondo sur, y sin vallas de por medio, terminó uniéndose a ellos. Rodrigo o Messi no hace mucho se subieron a la valla para celebrar un gol con sus aficionados, y no fueron sancionados. Pero Munuera no iba a desaprovechar su minuto de gloria en su mediocre vida en el mundo del fútbol y no dudó en expulsar a Diego Costa. La verdad es que hay que dar gracias de que no anulara el gol.

Tras el partido, nadie del Atleti quiso comentar la actuación arbitral. Desde aquí siempre hemos apoyado al Cholo en su pólitica de no hablar de los árbitros. Para eso ya estamos nosotros. No hay que caer en el ridículo que por ejemplo hizo un iCONO del madridismo esta semana comentando en las redes sociales el penalty a favor de su equipo. Que por cierto, el Atleti sigue siendo el único equipo de primera sin penaltis a favor. Pero dicho esto, y sin tener claro que es lo mejor, quizás sí sea hora de que algunos se replanteen este tema. Aunque para eso hay que pensar más en el sentimiento y menos en el negocio.

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