Qué alegres son los colores

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victoria en la europa league del atlético de madird

partido correspondiente a la europa leagueEl Calderón recibió ayer, en una fría noche de jueves, al Hapoel de Tel Aviv para sellar el pase del equipo a dieciseisavos de final de la Europa League con un gol de Raúl García. Decir más que eso sobre el partido sería edulcorarlo porque poco más sucedió en 90 minutos. Se ganó, se pasó, pero el regusto que dejó el encuentro no fue bueno. No se trata del frío ambiente que desprendía una grada medio vacía, tampoco del hecho de que al menos 60 minutos se jugasen al trote cochinero, no se deriva esa sensación de la nula propuesta futbolística del rival: el mal sabor de boca viene provocado por el (inexplicable) hecho de que, en nuestra casa, no jugásemos de rojiblanco.
El que ayer jugásemos con la segunda equipación podría parecer algo baladí, pero nada más lejos de la realidad. Un equipo de fútbol, y especialmente el nuestro, es identidad. No se puede ir a la guerra bajo una bandera que no es la tuya, y eso acaba calando en el subconsciente de los atléticos que tienen más complicado reconocerse en un equipo que en el Calderón juega de negro.

Entendemos que son decisiones comerciales de la marca que nos patrocina, pero venir a esta casa a vestirnos como si fuésemos visitantes es desconocer y despreciar nuestra carga histórica. Ya, en ocasiones, resulta difícil entender que nos vistan con la segunda vestimenta en según qué campos (El Ramón Sánchez-Pizjuán o El Sardinero llevan tiempo sin vernos con la rojiblanca), pero esta última jugarreta nos pone al nivel, a ojos de los comerciales de la firma deportiva, de equipos de la zona baja del espectro futbolístico (hablando en términos de tradición).

Es común entre los nuevos ricos del fútbol o, simplemente, entre los equipos que de un tiempo a esta parte han tenido un aumento en el número de seguidores, intentar vender camisetas entre su populacho a base de cambiar casi cada partido de camiseta. Sin embargo, Nike debería haber aprendido del amago que hizo de convertir nuestra zamarra en arlequinada. Ya entonces, ante la presión popular, tuvo que rectificar y limitar el uso de dicha vestimenta a los partidos que tuviesen lugar lejos del Calderón.

Se trata ésta de una situación que entronca con el constante desprecio al que nuestro sentimiento y nuestros colores son sometidos. El ignorar así nuestra tradición y tratarnos de escaparate y equipo menor no puede ser separado del hecho de que hoy en día sólo merecemos portadas para anunciar que nuestras estrellas se van, se quieren ir, o tienen un primo segundo que cree que se están yendo (ojo a la campaña que nos espera en los próximos 15 días). Igual que no se puede entender que suceda esto sin la connivencia de los que mandan, los que van a las entrevistas a ser poco menos que objeto de mofa (y con ellos el club al que representan) de “grandes comunicadores” y “generadores de opinión” del estamento periodístico deportivo nacional.

Obviando los hechos ‘cabreantes’, al final, estamos en dieciseisavos de la Europa League y este fin de semana empieza lo bueno. El partido del domingo es el pistoletazo de salida a un mes que nos permitirá ilusionarnos o ser realistas. En cualquiera de los dos casos debemos continuar siendo felices y recordar, como reza el himno del Metropolitano, “qué alegres son los colores de la escuadra ROJIBLANCA”.

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Guillermo Valiente
Redactor de cholismo y fiel seguidor del Atlético de Madrid. Abonado desde el 1994 y perteneciente a la generación del doblete. Primero el atleti y después el resto. Su dureza dureza tanto dentro como fuera del campo recuerda a la de Bruce Harper.

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