El nuevo derbi de toda la vida

"Los resultados en este estadio los tomamos con suma naturalidad. Una pena no haber ganado hoy." Diego Pablo Simeone

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Los habrá que no se acuerden, pero hace no tanto los derbis se esperaban con una mezcla de ilusión y resignación. El próximo partido contra el Maligno podía ser el que rompiese la racha pero se asumía que lo normal, y lo más probable, era perder ese partido casi sin lucharlo. Te lo robaban también, pero luego te caían 3 o 4 que te dejaban con cara de tonto. Ahora en cambio el Atleti llega al Centro Comercial de la Castellana sin complejos, llega a jugarle el partido a los de blanco. Y se lo juega, vaya si se lo juega.

La cabeza de Courtois

Si alguien duda de la capacidad del Cholo (ilusos ellos) que se ponga la primera parte de ayer en bucle. Plantó Simeone dos líneas de cuatro que secaron cualquier tentativa madridista de generar hueco en su faceta ofensiva. Las decenas de metros que separan a los jugadores de Lopetegui estaban pobladas siempre por camisetas rojiblancas. Camisetas que cada vez que robaban el balón convertían el silencio del Bernabéu en silencio ahogado. Entre Lemar y Koke montaron en los primeros 45 minutos una serie de contras que, como mínimo, dejaron dos ocasiones claras. La primera, la de Griezmann, le rebotó en la cabeza a Courtois sin saber el belga ni cómo. La segunda, la de Costa, sí la sacó el traidor con una parada que salvaba el partido para ellos.

Tras el descanso, sin embargo, el Atleti claudicó físicamente y el Madrid quitó a uno de esos que tienen que no ayudan en defensa ni por todo el oro del mundo y metieron en el campo a la próxima gran estrella del Getafe, un tal Ceballos. El chico, con un poquito de trabajo, le cambió la cara al partido y aprovechó el paso de los minutos para poner en serios aprietos a los nuestros. Durante media hora el Atleti se hizo a la idea de que debía sufrir y a ello dedicó sus esfuerzos. Treinta minutos en la que la sensación de peligro era constante pero en los que sólo hubo una parada de Oblak. Un paradón, pero sólo uno.

Ni VAR ni VOR

Nos las prometíamos muy felices algunos con la instauración del vídeoarbitraje pensando que, por fin, el arbitraje nacional se taparía un poco las vergüenzas a la hora de inclinar el campo para los de siempre. Cuán ilusos fuimos. Incluso hoy, doce horas después del partido, el nacionalmadridismo se afana en defender que parar un pase de gol dentro del área con el brazo extendido no es penalty. No es penalty, dicen, porque al rozar la camiseta de Casemiro el centro de Koke se desvía. Y lo dicen en serio. Como dicen que la mano de todos los derbis de Ramos no es mano. Como dicen que la segunda amarilla de Carvajal tras su entrada salvaje a Rodri no es tarjeta porque a Saúl no le sacaron una amarilla en el primer tiempo. Como dicen que la agresión de Ramos a Kalinic no es roja ni amarilla. Esto último ya ni lo justifican. Para qué, tienen 13 Champions.

Más allá de que sucediese lo de siempre en la áreas, lo cierto es que mucho ha cambiado la historia cuando salimos del Bernabéu con un 0-0 y nos parece que hemos perdido dos puntos. Pasamos por alto el que es uno de los grandes legados del Cholo: hemos perdido el miedo. Y aún más, hemos hecho que los temidos seamos nosotros. Más allá del cabreo por el arbitraje o los fallos en los últimos metros de los nuestros, si algo queda claro tras este derbi es que, ganen, empaten o pierdan, nuestros chicos siguen generando orgullo en cada gran partido. Los habrá que no se acuerden, pero antes salíamos del ciervódromo avergonzados. Los habrá que no se acuerden, pero hace no tanto un 0-0 en el Bernabéu era un gran resultado. Los habrá que no se acuerden, pero el Cholo sí. Por eso se asegura de que esos tiempos no vuelvan, por eso el de ayer es el nuevo derbi de toda la vida.

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