Las bestias están sueltas

"Como grupo llegaremos lejos" Antoine Griezmann

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Costa y Griezmann en el Sevilla-Atlético de Madrid

El partidazo de anoche en el Pizjuán coronó por enésima vez a Simeone ante un rival que vendió fútbol de ritmo y de ataque y acabó sucumbiendo ante otro equipo que sabía a lo que jugaba, que tenía un plan. Se plantó el Cholo con cuatro centrocampistas de trabajo, cuatro pistones que subían y bajaban alternativamente haciendo del Atleti una máquina perfecta de apoyos tanto arriba como abajo. Tras aguantar los 10 minutos de rigor que el campo del Sevilla regala siempre a su equipo, los nuestros se hicieron con el control del partido y no lo soltaron hasta que quedaban ortos 10 minutos para el final. Entre medias el Atleit más parecido al del 2014 que se ha visto hasta la fecha. O lo que es lo mismo: el mejor Atleti, el más perfecto.

Y es que esa maquinaria, ese motor formado por dos líneas de cuatro donde cada pieza nunca está lejos de la siguiente, ni arriba ni abajo. Cada elemento en su sitio, cada parte del proceso correctamente engrasada, cumpliendo su albor a la perfección. Desde Oblak con esa parada en los primeros minutos hasta Diego Costa con la sangre en la mirada, con el colmillo listo para morder, con esa garra y esa potencia que es puro Atleti y puro Cholismo. A ese electroshock que es Costa para cada partido se une Griezmann con ese baile que se trae entre la ambición y la contemporización. Flota el francés sobre el partido, apareciendo una y otra vez allá donde Costa le abre hueco, allá donde los interiores y los mediocentros necesitan un pie amigo al que soltar el balón. No juega Antoine en la izquierda ni en la derecha, no juega en el centro ni juega arriba; Antoine juega de Griezmann, y juega de Griezmann porque el Atleti está hecho para tener una delantera con Diego Costa y Griezmann. Una delantera con dos bestias.

Será por el Mundial o será porque tiene los espacios, pero lo cierto es que el momento actual de Griezmann es tremendo. Entre él y Costa se meriendan defensa tras defensa. Presionan y agotan noche tras noche a todo aquel que se encuentra enfrente. Acaban estas defensas por fallar simplemente por desgaste, por la saturación mental y física que les produce tener que estar permanentemente atentos y permanentemente listos para la batalla, cuando no enfrascados en una. Tal es el agotamiento y la presión a la que someten a esas defensas que anoche hubo un momento en el que los sevillistas abandonaron, se dejaron ir y sólo la generosidad de Griezmann, empeñado en que Gameiro se sumase a la fiesta, hizo que anoche la cosa no acabase en barbaridad.

En cualquier caso, aunque arriba tenemos a dos bestias sueltas, no hay que menospreciar la labor y la entrega de los otros 9 titanes sobre el campo y de los que entran desde el banco. Más grupo, más equipo y más unión es la guía para seguir peleando la liga. Por eso la prensa vikinga se empeña en romper esa unión, por eso cada noticia del Atleti viene acompañada de un intento de desestabilización. Pero ni así, ni con los intentos de ruptura externos va a dejar este Atleti de mirar hacia arriba. En el partido en el que al fin nos pitaron un penalty (clamoroso, no podía ser de otra manera) y en el que volvimos a recibir dos goles por primera vez desde la primera jornada de Liga, el Atleti fue una máquina engrasada. Una máquina con dos animales arriba, dos animales con mucha hambre.

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