Un hombre y su destino

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Diego Pablo Simeone renueva su contrato con el Atlético de Madrid

Día feliz para nuestra familia. Día grande. Diego Pablo Simeone renovó ayer hasta 2017. Renovó su contrato y renovó nuestras ilusiones en recuperar la grandeza perdida. Con él podemos llegar. Bajo su mando, el Atlético de Madrid volverá a ser el Atlético de Madrid.

Nuestro destino y el del Cholo quedan entrelazados para las próximas cuatro temporadas. Así, con calma, con un proyecto a largo plazo, el plan Cholista podrá desarrollarse en su plenitud. Ha dejado claro cuáles son su pilares: la recuperación de la importancia histórica del contragolpe para el fútbol atlético, la relevancia de la cantera como forma de otorgar identidad al club y el esfuerzo y la entrega como paradigma del fútbol cholista, lo cual entronca con la idea de lo que debe ser el Atleti que habita en los corazones rojiblancos.
La continuidad de Simeone puede, además, conllevar una serie de efectos colaterales que hasta ahora parecían casi ciencia ficción. A saber, la continuidad de Falcao y Arda, así como la progresión del cada vez más grande Diego Costa. Los dos primeros han sido vendidos ya en innumerables portadas (y las que nos quedan hasta la Final de Copa) y muchos somos los que no nos sorprenderíamos si a final de año pusiesen rumbo a otras latitudes. Sin embargo, jugar la Champions con el Cholo puede que sea suficiente motivación e ilusión para estos jugadores. Puede que pospongan el cobrar cifras que puedan retirar a sus nietos a cambio de poder reinar en el pueblo antes de ser príncipes en la ciudad. Son conjeturas e ilusiones claro, pero con Simeone en la caseta están más cerca de ser verdad que sin él. Y en cuanto a Diego Costa, ha sido el Cholo el que ha conseguido que el brasileño explote al máximo sus cualidades y, cada vez más, oculte sus defectos. Ha puesto su talento al servicio del equipo y esto lo ha convertido en un puntal del Atleti sin que se pueda adivinar dónde está su techo. Tanto es así que ha sido llamado para jugar con la selección brasileña, otra muestra más de que nuestro escudo es más respetado allende los mares que en nuestro propio país.

También existen sectores críticos con el Cholismo. Sectores sin memoria, que han olvidado dónde hemos estado los últimos lustros, que no les vale con ganar dos títulos europeos, clasificarse para una final de Copa y marchar segundos en Liga, que quieren más. Ávidos consumidores de las ruedas de molino repartidas por la propaganda oficialista, han identificado nuestro escudo con unos valores que no son los nuestros, han confundido el odio con la envidia y han hecho verdad lo que desde otras aceras se vendía sobre nosotros, quieren que el Atleti sea el Madrid. Y no es así. Nuestra grandeza no reside en la negación del otro, no podemos ver la vida con ojos blancos, eso nos llevaría a no disfrutar las victorias y sobredimensionar las derrotas. Por eso el Cholo es importante. Ha rebuscado en la Historia y ha recogido los valores de los grandes Atletis, ha vuelto a explicarnos, en el campo y fuera de él, quiénes somos. Algo que habíamos olvidado en la espiral autodestructiva en la que llevábamos sumidos más de una década. Por eso cuando hemos vuelto a ganar algunos no recordaban cómo tenía que llevarse esto. Por eso cuatro años de Cholismo nos mostrarán otra vez cuál era el camino que abandonamos hace tiempo y que ahora volvemos a transitar.

En cualquier caso, y pese a la que los de siempre puedan o vayan a liar cada verano, esta es una magnífica noticia. Según dicen, el Cholo piensa que 4 años es lo que necesita para que el Atleti vuelva a pelear por la Liga de verdad. Si ha aceptado este reto, suponemos que será con la seguridad de que no le van a desmembrar el equipo a las primeras de cambio. Si le dejan, si la cantera sigue dando hombres en vez de ‘niños’ y si remamos todos juntos, el Cholismo puede convertirse en el período más importante de nuestra historia, de momento el año y medio de muestra no ha dado motivos para pensar diferente. Pero lo más importante de esta renovación es que, durante los próximos cuatro años se sentará uno de los nuestros. De hecho, desde Luis Aragonés, no ha habido nadie tan nuestro.

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