Alternativa al Poder

"Tenemos la ambición del partido contra el Rayo. No vamos a cambiar" Simeone

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Empezó lo gordo, ahora sí, más allá de Supercopas, y empezó a lo grande. Mestalla regaló un partidazo que puso en la línea de salida a dos equipos que aspiran a creérselo y a echar al duopolio de la cabeza de la tabla liguera española. Dos propuestas similares se enfrentaron en la capital del Turia para acabar en tablas en un encuentro que, por intensidad y discurso, quedó lejos de parecer una primera jornada de Liga.

Dispuso el Cholo un once sobre el verde valenciano que, con sólo dos cambios respecto al once de Tallin, cambió radicalmente la propuesta que se vio en la conquista del primer título del año. Filipe salió en sustitución del sancionado Lucas en lo que, según suena con mucha fuerza, podría ser su último partido como rojiblanco. De nuevo un maltrato de la dirigencia hacia un histórico del club derivado de tener más de 30 años puede acabar con otra pérdida de un símbolo. Es innegable el esfuerzo del club este año en materia de fichajes, pero también es innegable el desprecio que desde los despachos se tiene hacia la propia historia reciente y antigua del club, venga esta representada por escudos, estadios, camisetas o jugadores. Esperemos que estén a tiempo de repensar una política, la del “uno más uno” en renovaciones de veteranos, que no tiene demasiado sentido cuando hablamos de lo que se puede considerar ya leyendas atléticas.

Pero más allá del vendido morbo de que fuese o no el de ayer el último partido de Filipe, el cambio más relevante se vio con la salida de Rodri del once a cambio de la entrada de Correa. Proponía así Simeone una estrategia de atemorización del rival. El Valencia de Marcelino sufrió así una primera parte en la que cada pérdida de balón erizaba el vello de los valencianos por la salida en tromba de esos que ayer parecían jugar en pijama (horrorosa la segunda equipación atlética para este año). Correa dibujó uno de eso partidos suyos en los que cuando parece que no puede fallar pases más fáciles o estar más impreciso mete un gol. El argentino pasa de hacer partidos olvidables a erigirse en estrella indiscutible de los mismos en cuestión de segundos. Y es que a partir del gol pareció que todo el peligro pasaba por el nuevo 10 rojiblanco.

Pero no estaba solo. Le acompañaban un Costa que no puede generar más miedo en las defensas rivales, incansable y batallador todo el partido, que hasta provocó una expulsión que no se produjo; un Griezmann falto de forma y ritmo pero que ve el fútbol como si en vez de sobre el campo su visión se produjese desde una cámara cenital (una obra de arte su pase en el gol); un Lemar que fue de menos a más pero que da la sensación de ser una versión en joven del propio Griezmann; y, en la segunda parte, un Vitolo voluntarioso y bastante efectivo cuando se salía a la contra y un Gelson Martins que va a sacudir unos cuantos estadios este año con su electricidad y atrevimiento.

Todo ese arsenal ofensivo implicó un doble pivote del que se cayó Rodri y del que tomaron el control Saúl y Koke. Los canteranos equilibraron y bascularon tnto en defensa como en ataque hasta que, mediada la segunda parte, pareció que el físico no les daba para más. A partir de ahí el aparente control que hasta entonces habían tenido los nuestros de los biorritmos del partido, se vino abajo. Una vez superada la primera línea de presión el Valencia parecía llegar con extrema facilidad al área atlética provocando superioridades jugada tras jugada. Tanto es así que la defensa se veía en muchas ocasiones descoordinada y fuera de sitio hasta el punto de que Godín (¡Godín!) midió mal una anticipación y el balón quedo para Rodrigo (el suyo) en la frontal del área pequeña para que éste fusilase a Oblak.

Dejó el partido pues un regusto agridulce. Es cierto que el Atleti dominó buena parte del encuentro y que se ven mimbres que prometen un gran año, pero también es cierto que el cansancio y la propuesta valencianista bien podían haber derivado en una derrota en un encuentro aparentemente controlado al descanso. En cualquier caso, el Atleti y el Valencia firmaron en Mestalla el primer gran partido de esta 2018/2019 y dejaron su marca en una Liga que promete más batalla que los último años, al menos en agosto. Es bonito ver que se alzan más alternativas al poder establecido, pero más bonito es ver que los nuestros van a ir a todas este año con el cuchillo entre los dientes. Y a todas, una vez que ya hemos jugado el primer partido de Liga, significa sólo una cosa: Rayo, Rayo y Rayo.

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