Inicio Noticias del Atlético de Madrid La Liga Volver a creer (esta vez nosotros)

Volver a creer (esta vez nosotros)

0
Volver a creer (esta vez nosotros)

Si el partido del Camp Nou del pasado martes sirvió para que los jugadores volviesen a creer en sí mismos, el partido de ayer ante el Celta sirvió para que la afición atlética volviese a creer en sí mismay despertase del letargo en el que aprecía haberse sumido durante este año. Silencioso y apagado, el Calderón estaba viviendo un último año en el que bien podía haber sido derribado hacía unos meses. Ni el derbi ni los partidos apretados conseguían arrancar mucho más de la grada que los cánticos que venían del fondo sur. Los últimos 5 minutos de ayer, sin embargo, vieron renacer a una grada que volvió a ser la que era, volvió a ser el jugador núemro 12, el santo y seña del que siempre nos hemos vanagloriado.

Y eso que el partido no fue ni mucho menos malo por parte de los nuestros a pesar del runrún constante que provenía de la grada, también es cierto, aterida de frío y empapada por la constante lluvia que caía sobre la ribera del Manzanares (qué bonito es el fútbol en febrero a las 9 de la noche de un domingo, Tebas mediante). Si algo no mereció el Celta fue ir por delante 1-2 a falta de 5 minutos para el final. Hasta ese momento no es que el Atleti hubiese hecho el mejor de sus partidos, pero lo cierto es que si de merecimientos hablamos los méritos hechos para ir ganando habían sido más que suficientes. Solo que e el camino se había cruzado el gran lastre de este año: la falta de gol.

Con las mismas, la facilidad para recibir goles empieza a convertirse en al otra cara de la moneda que, con demasiada asiduidad, aparece en los partidos. Nos plantamos bien en el campo, fijamos bien las líneas y trabajamos como siempre lo hemos hecho, pero acabamos llegando tarde a casi todo, acabamos apareciendo donde no debemos, cuando no debemos, una o dos veces por encuentro; y eso acaba costándonos uno o dos goles por encuentro. El 0-1 ante el Celta, sin embargo, fue un canto al absurdo. Un error en el despeje de Moyà acabó generando un rebote que acabó dentro de nuestra portería cuando apenas llevábamos un minuto de partido.

tras eso lo cierto es que los nuestros se pusieron el traje de picapedrero y se empeñaron en derribar la muralla gallega. Cuando los nervios empezaban a aflorar y el encuentro empezaba a entrar en esa complicada fase en la que, de repente, el público de este año del Calderón tiene a bien empezar a recriminarle al equipo todas y cada una de las decisiones que se toman, llegó la barbaridad de Torres: una chilena en estático que, cuando el balón salió de su bota, casi nadie imaginaba que acabaría dentro. Como subió cayó el balón y puso el 1-1 que sosegó los ánimos momentáneamente.

Y siguió el Atleti insistiendo, y siguieron los nuestros yendo a buscar al Celta, y llegó el penalty. El noveno del año. Nueve lanzamientos desde los once metros de los cuales sólo tres han acabado en gol. Y, cómo no, el de ayer tampoco entró. Hemos llegado a un punto en el que casi conviene preguntarse si no motivará más a nuestros jugadores que no les piten un penalty claro y eso les haga enrabietarse antes que de verdad nos lo piten y, como parece ser nuestro sino este año, lo acabemos fallando. Hay que acabar con este suplicio y, probablemente, la salida esté en designar un tirador incontestable de penaltis que, falle o marque, los siga tirando siempre que esté sobre el verde. ¿Quién es ese hombre? Ahí está la clave. Quizá Gabi, quizá Griezmann, quizá Carrasco, o quizá ninguno de ellos.

En cualquier caso, el penalty se falló y eso puso una losa sobre afición y equipo de la que costó, mucho, librarse. La segunda parte fue dura, pesada, desesperante por momentos. La ansiedad hizo acto de presencia, más aun cuando en una contra aislada el Celta se puso 1-2. Perdíamos el partido y el cuarto puesto sin saber casi ni cómo. Un varapalo que daba paso a la desesperanza. Una desesperanza que acabó tornándose en un renacer merced a los últimos cinco minutos de partido.

En el 86 Carrasco enganchó una volea escandalosa en la frontal y puso el 2-2. A partir de ahí se desató el Calderón. El Templo se encontró a sí mismo. La grada mojada se sacudió el frío y rugió y rugió. Dos minutos tardó el calor de las gargantas rojiblancas en empujar al equipo hacia la victoria. Gameiro se la dejó de cabeza a Griezmann y el principito remató la faena desatando la locura. Mereció la pena el acercarse al Calderón un domingo lluvioso de febrero a las 9 de la noche sólo por esos cinco minutos mágicos. Cinco minutos que vieron renacer al Calderón, que vieron cómo una afición demasiada aficionada este año a dejarse llevar por el pesimismo volvía a creer. En el Camp Nou renació el equipo, en el Calderón, a partir del minuto 85 ante el Celta, renació la grada atlética. Y cuando esos dos pilares se unen el edificio que se levanta encima acaba siendo grandioso. Al tiempo.

Artículo anterior Orgullo y perjuicio
Artículo siguiente Tres puntos para creer
Guillermo Valiente
Redactor de cholismo y fiel seguidor del Atlético de Madrid. Abonado desde el 1994 y perteneciente a la generación del doblete. Primero el atleti y después el resto. Su dureza dureza tanto dentro como fuera del campo recuerda a la de Bruce Harper.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here