Intento fallido

"El fútbol es simple: si juegas bien puedes ganar, si no puedes perder" - Simeone

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Málaga 1-0 Atlético

No pudo ser. El primer asalto al liderato quedó en nada. En un partido en el que se podía haber dado un golpe en la mesa un Atleti a medio gas se vio superado por un Málaga mucho más serio. Un Málaga gestionado por el «cholible» Camacho que, si dependiese del partido de ayer, desde luego dejó su currículum en la cima del montón que tendrá Simeone en su oficina. Pero más allá del partido del canterano emigrado, lo cierto es que el partido se perdió porque fuimos peores que ellos, simple y llanamente.

Piedra de toque

El arbitraje de Mateu Lahoz, como siempre, se movió entre lo absurdo y lo esperpéntico. Pitó cosas que sólo vio él y dejó de pitar lo que todo el mundo veía. Pero más allá de desquiciar a uno y otro equipo y, cómo no, a ambas aficiones, no tuvo una incidencia real en el resultado del partido. Y es que la expulsión de Gabi fue tan justa como tonta. El capitán cometió dos infracciones en apenas cinco minutos que le mandaron al vestuario transcurridos 10 minutos del primer tiempo. La falta primera quizá fuese inevitable, la mano de después no.

Pero no fue la expulsión un lastre excesivo, futbolísticamente hablando, para los chicos del Cholo. Hasta entonces se había asumido una responsabilidad, una exigencia de ganar que habíoa generado más tensión entre nuestros muchachos que otra cosa. El Málaga había sabido jugar con esa ansiedad y el Atleti apenas se acercó a la portería de Kameni. Tras la expulsión de Gabi los jugadores parecieron liberarse y su trabajo facilitarse. El objetivo único era replegarse y estar atentos en las ayudas mientras que, si había posibilidad, se intentaba montar alguna contra rápida. Fue de hecho a partir de ese momento cuando más peligro creamos, con Torres lanzado en velocidad y dando lugar a un puñado de ocasiones que, de nuevo se quedaron sin certificar su gol 100.

Gol en propia

En realidad no había demasiada presión malaguista sobre nuestro área. La colocación y el buen hacer de el centro del campo parecía suficiente para, al menos, preservar el empate. Hasta que un despiste de Godín dejó solo a Charles en el pico del área pequeña rojiblanca. El delantero rival enganchó, no demasiado bien, un buen pase de Amrabat. La volea se iba fuera, pero rebotó en Gpdçín y se alejó lentamente del alcance de un Oblak que ya había sacado dos remates que se colocaban en su portería. Con este no pudo.

Así que no pudimos seguir la racha, la oportunidad de meterle presión al Barcelona se esfumó. Mientras tanto el maligno nos recorta tres puntos merced al escándalo del Bernabéu, una vez más escenario para la vergüenza del fútbol nacional. Perdemos tras más de un mes conociendo sólo el dulce sabor de la victoria. Perdemos tras haber peleado cada partido, cada gol, como una batalla única e irrepetible, dejando en el camino sudor y sangre. Perdemos merced a un gol en propia puerta. Sólo así ha sido podible caer derotados. Hace  un par de años pasó algo parecido, hace un par de años cada partido era una batalla y las grandes rachas sólo se cortaban con goles en rpopia. Hace un par de años acabó pasando lo que acabó pasando. No desesperen, queda mucho.

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