La máquina se engrasa

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La máquina se engrasa

Hace no tanto que caíamos eliminados en Copa por el Albacete. Hace no tanto que llegar a clasificarnos para Champions era poco menos que una quimera. Hace no tanto que salir de casa implicaba derrota casi asegurada cuando no goleada. Hasta un partido en Málaga hace ya un lustro que marcó el inicio de una nueva época. Un partido en el que un equipo hasta entonces sin identidad empezó a entender el fútbol y a entenderse a sí mismo de otra manera. Aquel encuentro que supuso el pistoletazo de salida a una de las épocas más gloriosas de nuestra historia se saldó con un 0-0 que supo a victoria. Un encuentro que supuso, casi por primera vez en aquella temporada, que nuestra portería quedase a cero tras los 90 minutos. Ayer volvimos a aquel escenario simbólico, a una Rosaleda que tanto ha supuesto en el imaginario colectivo atlético. Y volvimos con un encuentro que mostró a la perfección esa identidad trabajada y conseguida durante los últimos cinco años. El 0-2 ante el Málaga es una clase Magistral de Cholismo puro.

Saltó el Atleti al campo malacitano con cuatro mediocentros en el once y acabó el partido con cuatro centrales (los que hay en la plantilla). Para el espectador neutral y poco entendido no fue desde luego un partido para enamorarse del fútbol, pero para el del Atleti significó una satisfacción personal. El 0-2 final dejó en nuestras caras una media sonrisa similar a las que generaban aquellos 0-1 con gol de Raúl García o Diego Costa que nos darían una Liga. Llegado abril el Cholismo se ha encontrado a sí mismo en base a la herramienta clásica que mejor resultado le ha dado cuando se juega fuera de casa: la desesperación. Una desesperación generada a través del trabajo y la solidaridad. Una desesperación que se ve dibujada en los rostros de los jugadores y de la afición local a medida que pasan los minutos y la posesión del balón no les da ni ocasiones ni, por supuesto, goles.

Y unida a esa desesperación viene de la mano el aprovechamiento de los errores rivales. Dos fallos en la marca, dos despistes mínimos, y el Atleti se lleva un 0-2 sin aparentemente haber sudado demasiado. En esta fase de la temporada, cuando a la mayoría delos equipos les empiezan a pesar las piernas, los nuestros parecen moverse gráciles y con soltura por el tapete. Sin estridencias, sin buscar la filigrana, el Atleti ha vuelto a bajar a la mina a sacar carbón. Y cuando encontramos la veta y empezamos a picar nos convertimos en lo que realmente somos, en lo que realmente nos vemos identificados: una máquina engrasada sin ningún tipo de clemencia. Abril pinta bien, y después viene mayo, ojo.

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