No tan mala derrota

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No tan mala derrota

Nos cuentan que el Atleti fracasó en Atenas, que se ha complicado «mucho» la vida, que fue una tragedia griega, una debacel, e incluso los hay que intentan establecer relaciones causales entre la titularidad de Oblak y la derrota ante Olympiakos. Se frotan las manos, vaya. Lo único cierto, sin embargo, es que se cometieron tres errores atrás y nos costaron tres goles y la primera derrota de la temporada. Y ahí está la lección de la primera jornada de Champions: no podemos cometer ni un fallo. Vivimos de la perfección, de la sincronía de los once jugadores que haya sobre el campo, y cualquier falta de concentración la pagamos con creces. Sirva este partido para aprender, para no ganar los partidos antes de jugarlos. No hay nada que en el Atleti de Simeone pase en balde y, sin duda, la derrota en Grecia reforzará el espíritu de este grupo al que tanto debemos y que, pese a caer, nos hizo sentir partícipes del hambre que atesoran en una segunda parte que en ocasiones rayó la excelencia ofensiva. Sin suerte, eso sí.

La concentración no se negocia

Lo cierto es que los locales propusieron un partido muy del Cholo. Se organizaron atrás y lanzaron sus contras contra un Atleti que perdía la posición en defensa como casi nunca. Daba la sensación de ser un partido decisivo por el ansia con la que los nuestros iban para arriba olvidándose del equilibrio que ha sido la base de todos nuestros éxitos. Aún así, el partido estaba en territorio neutral y eso, casi siempre, acaba significando una victoria atlética. Pero hubo un primer despiste: no se salió a tapar el disparo de Masuaku tras un córner y éste pasó entre las piernas de toda nuestra defensa. Cuando Oblak vió la pelota intentó reaccionar pero fue demasiado tarde. Podría haber hecho más, sí, pero no es de rigor crucificar al esloveno por un fallo (no tan fallo) puntual.

Con esas volvimos a lo nuestro. Arda en estado de gracia se movía entre líneas y canalizaba todo el fútbol ofensivo. Llegábamos sin parar, Ansaldi y Juanfran daban profundidad en las bandas y parecía que el gol llegaría. Y llegó, pero para ellos. Una contra alocada nos pilló descolocados y Mario y Ansaldi se hicieron un lío en un balón cruzado a la frontal relativamente fácil del ‘Chori’ Domínguez. Afellay recogió el regalo y la mandó para dentro. Demasiado castigo para lo que se veía en el partido, pero en el fútbol no existe la justicia, sólo los goles. Nos hubiésemos marchado con cara de tontos de no ser porque Mandzukic, con la nariz chorreando sangre por un codazo previo, demostró que la zona aérea del área rival es territorio de caza acotado para él. Un gran centro de Ansaldi, que demostró que sabe ponerlas una y otra vez durante el partido, fue un caramelo para el croata y nos mandó a vestuarios con la esperanza renovada.

La hora de Griezmann y Cerci

La segunda parte fue una demostración de tesón. Podríamos haber caído en la desesperación de ver que los nuestros no hubiesen competido como acostumbran. Pero la garra, la lucha y la búsqueda de la victoria se vio en cada carrera, en cada momento. No hay, por tanto, desilusión. Lo que sí sorprendió es que, por segundo partido consecutivo, el primer cambio del equipo fuese Gabi. El capitán es y ha sido clave en el esquema de Simeone. Sin embargo, parece como si le faltase un punto físico para estar a su mejor nivel. La buena noticia es que estamos al principio y contamos con alternativas. Pero necesitamos a Gabi, necesitamos a nuestra extensión en el campo, a aquel de los nuestros que tiene la suerte de vestirse de corto. Koke, de momento, asume su labor, baja al centro del campo y hace las veces del 14 tan bien como lo haría el capitán.

Salió Gabi y entró Griezmann. Y ya podemos decir sin temor a equivocarnos que Antoine ya está aquí. El francés ya conoce su papel, ya sabe como moverse, ya se entiende con los que les rodean y ya muestra toda la calidad que tiene. Una y otra vez lo intentó y una y otra vez lo frenaron Roberto y la defensa local. Pero lo importante es que ese arma ya está a punto, tanto que al final sería él el que recortase distancias (después de que Mitroglou hiciese el tercero en otro despiste defensivo) tras una jugada que empezó en la banda derecha, precisamente, en las piernas de Alessio Cerci. El ex del Torino dio pequeñas pinceladas sobre el lienzo del Georgios Karaiskakis de lo que es su fútbol: arrancadas que cambian partidos, destellos que deciden batallas. Le costó asociarse, pero en cuanto se integre en el grupo está llamado a ser un revolucionador de partidos.

El que quiera que se lleve las manos a la cabeza, que despotrique de los jugadores y del Cholo y que crea que esta Champions se nos va a atragantar. Los hay que elegimos seguir creyendo, que sacamos más conclusiones positivas del partido de ayer que negativas. Los errores hay que cometerlos cuando son subsanables y si algo hay en esta fase de grupos es tiempo para arreglar la derrota de ayer. Una derrota que, por otra parte, acabó siendo sólo por un gol. Puede parecer esto un premio insignificante, pero en una «Liga» de seis partidos como esta, el goal-average puede y suele ser decisivo. Creamos, confiemos, que motivos hay. De cada golpe que ha recibido el Cholismo hemos resurgido más fuertes, mejor preparados y con más hambre. Que tiemble Europa, ahora el Aleti necesita ganar.

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