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El equipo es lo primero (y el primero)

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El equipo es lo primero (y el primero)

Domingo redondo, casi de cuento. Venció el Atleti en Mestalla en el día en que el Madrid empataba en casa ante el Éibar y el Barcelona hacía el ridículo en Vigo. Ni dos paradones de Alves a sendos penaltis lanzados por Griezmann y Gabi consiguieron apagar la llama de un Atleti que, partido a partido, nos va regalando minutos de fútbol casi perfecto. Ni las bajas ni los horarios mutantes nos afectan. El Atleti se lo cree, el Atleti se lo trabaja, y el Atleti no son once, son 23 soldados comprometidos por una causa, juegen 90, 45 o 10 minutos.

Sigue el drama que no es tal

Dos penaltis, dos, tuvimos ocasión de lanzar. Ambos acabaron en nada, ambos fueron detenidos por el mejor parapenaltis de la historia de la Liga: Diego Alves. El segundo, el de Gabi, puede asumirse como fallo, pero el de Griezmann es un paradón del brasileño. A cualquier equipo y a cualquier jugador fallar un penalty le afectaría, no digamos dos. Pero el Atleti del Cholo está hecho de otra pasta; por muy duro que sea el golpe levantarse sólo lleva un momento, sólo una mirada al compañero basta para reactivarse. El lanzamiento desde los once metros parece ser considerado por los muchachos del Cholo como un extra, un bonus que no tiene relevancia en el desarrollo del partido, al menos en los biorritmos atléticos. No cambió nada en la actitud el penalti marrado por Griezmannn con 0-0 y, desde luego, no lo hizo tampoco el de Gabi. No hubo un solo lance en Valencia que hiciese que la intensidad y la actitud decayese, el Atleti fue fiel a sí mismo de principio a fin.

Los 10 primeros minutos del partido fueron los únicos en los que el Cholo cedió el balón y el terreno al equipo local. Como queriendo tantearlos, como queriendo medir sus intenciones, el equipo se replegó y dejó hacer a los ches teniéndolos siempre, eso sí, bajo control. Pasado ese primer tanteo dieron los nuestros un paso adelante, le quitaron el balón a los valencianistas y no se lo volvieron a dar hasta que se había acabado el partido. Con Koke y Gabi marcando el ritmo al qué debía moverse el juego la última media hora del primer tiempo y toda la segunda parte se desarrollaron como una sinfonía tocada por la mejor de las orquestas. La sensación de suficiencia atlética y de impotencia valencianista crecía a medida que pasaban los minutos. Pero no llegaba el gol, no caía lo que se adivinaba sobre el campo.

Un equipo que vale un liderato

Pasaban ya 10 minutos desde la vuelta de vestuarios cuando se produjo el primer cambio en el Atleti. Un voluntarioso pero poco efectivo Saúl dejó su sitio al héroe del partido de Champions ante el Bayern, Carrasco. La suplencia de Yannick en cualquier otro equipo habría creado poco menos que un cisma. Un jugador explosivo, de las cualidades del belga, de esos que creen quizá demasiado en sí mismos, no entendería que después de hacer el gol que le gana a uno de los mejores equipos de Euorpa le toque empezar el siguiente partido desde el banquillo. Probablemente el Carrasco de hace un año tampoco lo entendería, pero el de hoy, el que ya ha sido convertido a la fe Cholista, lo entiende. Sabe que no es la cantidad sino la calidad de los minutos lo que cuenta en este Atleti. Y nada más salir dejó tres eslalons que nos lo dejaron claro a todos los atléticos y a todos los valencianistas que Carrasco sabe cómo funciona el Atleti de Simeone, y no hay mayor fe que la del converso.

Pero si de conversos hablamos hemos de mencionar a Torres. Fue su salida la que provocó el primer gol: el primer balón que tocó lo cruzó ante Alves y el rechace se lo dejó Gameiro a Griezmann para que éste fusilase el 1-0. Desde que volvió al Atleti el Cholo consideró a Torres no tatno como el nueve titular del equipo sino como un arma. Un ariete raudo y potente para emplear en ciertos partidos o, ni siquiera eso, en ciertos momentos de ciertos partidos. Al Niño no parecía convencerle ese rol hasta este año. Ahora, como Gaita´n, Correa o el propio Carrasco, el papel del fuenlabreño es tan importante salga en el once titular o salga desde el banquillo. Lo demostró ante el Bayern y lo demostró ayer ante el Valencia: se cree su papel de arma de destrucción de defensas cansadas y es ahí donde mata, ahí donde le necesitamos.

Parece que la delantera está en forma, desde Griezmann a Torres pasando por un Gameiro que, habiéndose dejado la piel durante los 90 minutos encontró las fuerzas para enganchar un despeje de Juanfran en el tiempo añadido y meterse una carrera de 40 metros para sellar el 0-2 definitivo. Tienen que jugar los tres, juntos, separados o de uno en uno, pero se entienden, se amoldan los unos a los otros y generan fútbol y ocasiones a mansalva. Si a eso se suma un centro del campo que parece compuesto por válvulas de un motor que no paran de subir y bajar y una defensa que, juegue quien juegue (ayer Lucas, pero podría haber sido Godín o Giménez para lo que se notó), sigue siendo impenetrable. El Atleti se volvió a marcar el mejor partido del año. Un partido que a la postre supuso el liderato. Un liderato que llega antes del parón, que nos da pie a soñar, que nos da motivos para creer. Van siete jornadas pero, a cada partido que pasa, más parece que tenemos el mejor equipo de la era Cholo. Sigamos saboreando el partido a partido que con el liderato en la mano sabe mejor.

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