San Siro ya conoce el Cholismo

"Esto es el Atlético" -Gabriel Fernández, Capitán

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Italia ya conocía a Simeone, ahora también conoce a sus muchachos. Milán recibió ayer a los nuestros creyendo que su historia podría con nuestra hambre, y nos comimos a su equipo. Las paradas de Courtois nos sostuvieron hasta que nos lanzamos como leones a acabar con el conjunto rossonero comandados por nuestro devorador particular. De nuevo Diego Costa decidió un duelo que podría haber acabado en empate. Pero ahora tenemos estrella, ahora somos grandes.

La historia pesa

Salió el Atleti a ahogar al Milan en los primeros minutos. San Siro temblaba viendo la que se le venía encima con el despliegue físico colchonero, pero ese ímpetu inicial se fue diluyendo con el paso de los minutos. Tras un par de pérdidas de balón tontas en el centro del campo que propiciaron sendas ocasiones milanistas, el equipo se agarrotó. Empezó a pesar el estadio, el rival y la historia, y los locales se crecieron bajo esas mismas premisas. Viendo que el dominio inicial se le escaba entre los dedos, el Atleti replegó líneas y decidió esperar al Milan. Bien ordenados, los nuestros le dejaron todo el campo del mundo a De Jong, a sabiendas de la poca creatividad que atesoran las piernas del criminal mediocentro holandés. Así, los locales carecían de profundidad.

Y es que, aunque la historia pese, más pesan los años. El conjunto lombardo es de sobra conocido por ser poco menos que el geriátrico de Europa. Si a eso se junta que su defensa y su centro del campo es más bien flojito con el balón en los pies, cada salida desde atrás era una agonía para los de Seedorf. Eso sí, arriba tienen dinamita. Con Taraabt, Kaká y Balotelli flotando en la línea de ataque, los nuestros eran conscientes de que el peligro podía llegar en cualquier lance. Y eso pesó. Los laterales se descolgaban en contadas ocasiones y cada vez que el ’45’ rossonero agarraba un balón le salían tres rojiblancos a tapar.

Héroe Courtois

Por lo tanto, el Atleti se replegaba y el Milan se encontraba a base de rebotes rondando nuestro área. Así llegó un latigazo de Kaká al larguero y el momento clave de la noche: el paradón de Thibaut. Más allá del dominio del área, de la seguridad al blocar, lo que convierte en un porterazo al belga es su facilidad para llegar al suelo. Que un tallo de casi dos metros tenga esa capacidad para sacar un balón picado es algo único, algo que separa un buen portero de uno de los mejores. Porque la parada al remate picado de Poli es parada de mejor portero del mundo. Una parada que vale un partido en San Siro, una parada que puede valer una eliminatoria.

Segunda parte rojiblanca

Nos fuimos al descanso con la sensación de que los nuestros estaban encogidos, de que el escenario les pesaba. No sabemos qué les diría el Cholo, pero fue salir de vestuarios y, como ya ocurriese en los primeros 10 minutos del partido, ir a matar al equipo local. Se les dejaba salir y que dejasen los espacios necesarios para que la máquina atlética de contragolpe se viese en su salsa. Cada vez que el Milan cruzaba el centro del campo acababa llegando una ocasión atlética. Con Raúl ya definitivamente alejado de la punta e incrustado en un centro del campo de 5 hombres el partido era nuestro. Salieron Cebolla y Adrián, vistos los espacios que se creaban, y el partido pasó a la fase en la que estaba claro que si alguien marcaba sería el Atleti.

Diego Costa reina también en Italia

Había tenido nuestro 19 sus ocasiones. Unas cuantas arrancadas de las suyas habían metido el miedo en el cuerpo de la parroquia milanista. Pero no llegaba a rematar claro. El partido agonizaba y el 0-0 parecía definitivo, hasta que Gabi botó un córner desde la derecha. El centro se quedó corto, pero un despitado Abate, que desde que entró por De Sciglio había sido casi un amigo, en vez de despejar la peinó bombeada al segundo palo. Y estalló la locura. Diego Costa, quieto, sin carrerilla, cabeceó un balón que venía sin fuerza con una potencia y una violencia que rayan en los límites de la lógica física. Abbiati poco pudo hacer ante el fusilamiento a bocajarro.

Y poca historia a partir del gol. Si acaso pudo hasta caer alguno más para el Atleti, pero lo que es el Milan ya había entregado la cuchara. No llegaron físicamente. Tampoco hay que echar las campanas al vuelo en cualquier caso. Es un Milan en horas bajas, pero siguen teniendo dinamita arriba. No hay que confiarse para la vuelta, esto hay que sellarlo en el Calderón. Aunque visto lo visto, no parece que el Cholo vaya a dar nada por sentado. Ni él ni los jugadores, ni el capitán ni sus siete pulmones. Los nuestros tienen hambre de Champions, sed de victorias. Italia ya lo sabe, San Siro ya lo llora.

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