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Atleti vs Atleti (y un poco de Barça y uno de negro)

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Atleti vs Atleti (y un poco de Barça y uno de negro)

Saltó al Calderón el Barça y poco más tuvo que hacer para irse a vestuarios tras 45 minutos ganando 0-2. La eliminatoria, si no sentenciada, camino iba de estarlo viendo a un Atleti hundido y sometido a los devenires del partido. Nada le salía a los nuestros, todo a los suyos. Pero llegó una segunda parte épica, rugiente, una segunda parte de esas que uno recuerda lo que es el Atleti, una segunda parte de esas que te hicieron enamorarte del Calderón. Una segunda parte que acabó 1-2 pero que bien podía haber terminado en empate o victoria atlética si los nuestros no hubiesen fallado el saco de ocasiones que fallaron y si el árbitro no hubiese tenido a bien hacer un arbitraje «a la española». Salimos anoche del Calderón más vivos de lo que merecimos en la primera parte y menos de lo que merecimos en la segunda.

No sólo de intensidad vive el Atleti

A los nuestros en la primera parte se le puede acusar de muchas cosas, pero no de falta de intensidad. El partido se decantó más por lo fallos de lectura de jugadas puntuales que por apatía o desgana. La presión a la salida del balón culé fue incesante desde el primer minuto. La falta de un nueve claro hacía que esa presión, sin embargo, fuese parcial o incompleta. Subían Griezmann y Carrasco y de repente se arrancaba también Saúl. Cuando los visitantes conseguían superar esa primera línea, de repente se encontraban con metros por delante. Por allí aparecían de vez en cuando Neymar, Suárez o Messi y, cuando lo hacía éste, llegaba el peligro.

Y es que el Barça de ayer se sustentó en dos argentinos. Por un aldo el de siempre que hizo lo que quiso y cuando quiso, y por otro Mascherano que, con carta blanca para repartir todo lo que quiso y más, sólo cometió un fallo cuando ya moría el partido (fallo que el bueno de De Burgos Bengoetxea se encargó de subsanar) y vino a ser el baluarte sobre el que se sustentó todo el sistema defensivo barcelonista. Más alá de eso, sólo un fallo en cadena de Griezmann, Savic y Godín propició que los visitantes se adelantaran en el marcador. El Atleti llegaba tarde, fallaba en la presión, los jugadores parecían no saber dónde se encontraba su compañero; todo eso es verdad, sí, pero el Barça no creaba tampoco más peligro que el que se sentía cuando Messi cogía el balón.

Y de hecho el segundo de los goles llegó porque el 10 del Barcelona cogió el balón en la frontal (tras el tercer saque de puerta culé mal basculado por la defensa atlética) y nadie le salió a cubrir. El segundo suicidio de la noche por tanto. 0-2 en el marcador y, como decíamos al principio, la sensación de que esta Copa se nos escapaba sin, aparentemente, siquiera lucharla. Pero el partido todavía tenía mucho que contar.

La Copa bien vale la lucha

Poco peligro llevó el Atleti en la primera parte a la portería de Cillessen, pero el que llevó llegó en penetraciones por banda que no encontraban rematador. Griezmann llegaba tarde y Carrasco no sabía dónde tenía que estar. La solución del Cholo tras el descanso fue simple: quitar a Vrsaljko (Juanfran retrasó su posición del interior al lateral) y metes a Torres. El 9 atlético cambió el partido a base de lo que posiblemente había estado ausente de su juego los últimos meses: tesón y fe en sí mismo. Se creyó el Niño lo que tenía que hacer, creyó que sus decisiones estaban bien tomadas, se convenció de que había salido al campo a ganar la eliminatoria. Y fue esa idea, ese empuje y, probablemente, la charla de Simeone en vestuarios, lo que revivió el partido y la eliminatoria.

Faltó tiempo para que la presión que en el primer tiempo resultó infructuosa se convirtiese en un estrangulamiento al Barça. Los culés a duras penas lograban salir de su campo y el único reposo que encontraban era en combinaciones entre sus centrales y su portero. El 1-2 llegaría en un balón frontal de Gabi a saque de falta que Godín le pondría de cabeza a Griezmann. A partir de ahí, siguieron 15 minutos de asedio en los que se desató la furia rojiblanca y las ocasiones empezaron a caer como churros. Cillessen volaba de un palo a otro sacando algunos balones y viendo como otros salían lamiendo el poste.

Despertaron (por fin) esos 15 minutos de asedio al Calderón, devolvieron la sangre al pecho y la furia a las gargantas rojiblancas. Los culés veían que se les iba el partido, que la eliminatoria que tenían ganada iba poco a poco cediendo terreno. Fue a partir de ahí cuando a base de caídas y faltas sin la sanción merecida los de Luis Enrique consiguieron cambiar el sino del partido. Lo que parecía una remontada inevitable se quedó a medias con la colaboración arbitral (dos minutos de añadido dio el crack) y, sobre todo, con un Messi que metía miedo cada vez que se acercaba por nuestra área.

Acabó el encuentro pues con un agridulce 1-2 que, lejos de dejar cerrada la eliminatoria, deja hueco para la épica. No se hace historia andando ni con la suerte de cara, para hacer historia hay que luchar, sufrir y dejarse la piel. Y eso es lo que espera al otro lado de los 90 minutos del próximo martes: la Historia. Será sin Gabi, eso sí, que ayer vio una amarilla que le deja fuera de la vuelta, pero será con todo lo demás. Y sobre todo con fe, con la que tuvo ayer Torres, con la que transmitió el equipo en la segunda parte y con la que nos fuimos del Calderón. Y que nadie se equivoque: seguimos queriendo la Copa.

PD.: No nos vendría mal que el Barça le metiese un atraco escandaloso al Athletic el sábado para que, así, al Mateu de turno que nos arbitre el martes le dé un poco de vergüenza inclinar el campo como suelen nuestros maravillosos colegiados cuando juega alguno de «los dos grandes» de nuestro fútbol.

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Guillermo Valiente
Redactor de cholismo y fiel seguidor del Atlético de Madrid. Abonado desde el 1994 y perteneciente a la generación del doblete. Primero el atleti y después el resto. Su dureza dureza tanto dentro como fuera del campo recuerda a la de Bruce Harper.

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