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Una de las grandes noches del Calderón

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Una de las grandes noches del Calderón

Evidentemente, este no es el Milan de Sacchi pero, aun así, la lección que se le dio anoche en el Calderón no debe ser menospreciada. Sigue siendo un gigante europeo, sigue siendo el club con más Copas de Europa en color, sigue teniendo una plantilla llena de estrellas y su escudo sigue pesando en el imaginario colectivo. Por eso, por lo que significa, el 4-1 que los nuestros le endosaron anoche al conjunto lombardo es un golpe en la mesa europea. Cuando llegue el sorteo de cuartos mucho se cuidarán los aficionados y jugadores del resto de equipos de desear que les toque el Atleti. El mensaje que ayer mandó el Cholo al Viejo Continente es claro y conciso: no hay miedo.

Canto al fútbol

El ejercicio de autoridad que fue el partido se puso pronto de cara con el enésimo golazo de Costa apenas transcurridos dos minutos. El delantero enganchó una semivolea que tranquilizó a los que dudaban y le sacó los colores a los italianos. Estaba hecho. O eso parecía hasta que un par de despistes atrás estuvieron a punto de cambiar el sino del encuentro. El primer despiste supuso el empate, el segundo a punto estuvo de suponer el que el Milan encontrase un premio mayor al que sus esfuerzos merecían. Aunque sí es cierto que mediada la primera parte los chicos del Cholo se echaron demasiado atrás e hicieron creer a los rossoneri que la eliminatoria estaba abierta. Fue un error, pero se subsanó a tiempo.

Recibidos los sustos, Simeone mandó a la brega a los once guerreros rojiblancos y se decidió a finiquitar el partido. Se presionó la salida del balón y hacerle eso a un equipo con Essien y De Jong en el mediocentro es matarlo. Y así fue, el Milan estuvo en la eliminatoria mientras el Atleti quiso. Y sólo quiso 10 minutos. Comandados por un enorme Gabi, los nuestros ahogaron a los visitantes y dejaron claro que el Calderón no perdona. Así, se sucedieron las ocasiones hasta que Arda enganchó un balón en la frontal y, ayudado por un rebote, puso el 2-1 en el marcador. Más tarde vendría la espectacular chilena de Raúl que, de haber entrado, habría sido el gol de la Champions. Pero no entró.

Llegó el descanso con la sensación de que ya no había eliminatoria. Y a la vuelta de vestuarios se confirmó dicha sensación. El gol sólo podía caer de un lado y así fue. De nuevo, como en la ida, el tercero llegó a balón parado. El mejor rematador de cabeza probablemente del mundo, nuestro 8, el redimido Raúl García, acabó con cualquier espejismo posible que poblase el imaginario milanista. Si la fiesta de la ribera del Manzanares era ya un estruendo, con la sentencia de Raúl alcanzó proporciones de bacanal. La grada motivaba al equipo y el equipo a la grada. La segunda parte era un canto a la comunión entre la hinchada y sus jugadores. En plena euforia llegaría el cuarto, un nuevo regalo de Diego Costa al fútbol y a todos los atléticos.

Europa aguarda

El 5-1 total de la eliminatoria ha hecho temblar los cimientos de la vieja Europa, la de los gigantes futbolísticos que ven como el segundo equipo de Madrid ha entrado con todo en los cuartos de la Champions. Sin miedo, con autoridad. Con un capitán de los de antes, con los que serán los genios de la próxima década (impresionante partido de Koke) y con algunos que lo son en la actualidad. Contra viento y marea seguimos adelante. A pesar de que los medios «madrileños» se lancen a difundir campañas de desestabilización la semana en que un equipo de su ciudad se juega una eliminatoria europea, a pesar del supuesto peso de la historia y a pesar de presupuestos adulterados, seguimos adelante. El bombo de cuartos ya tiene al Atleti dentro inspirando temor. Y si no nos temen, allá ellos. Nuestro orgullo sólo crece ante los retos que se nos presentan. Soñar es gratis y, con el Cholo, recomendable.

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