La frialdad del Cholismo

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La frialdad del Cholismo

Hace apenas dos temporadas viajábamos por Europa, por campos impronunciables en lugares remotos, dejando nuestro sello allá por donde pasábamos. Y si ahora el Atleti se caracteriza porque Diego Costa destartala cada defensa con que se encuentra, por aquel entonces no había rival europeo que no temblase ante un asturiano delgaducho que parecía que se iba a comer el mundo. Goles épicos en campos fríos, noches invernales calentadas a base de chispazos mágicos y fogonazos de clase; ese fue el legado de Adrián en Europa. El año pasado, sin embargo, tocó esperarle. Lo hicimos pacientemente, ya que todo lo imprescindible que parecía la temporada anterior dejó de serlo la pasada. Su rol fue asumido por Costa y Adrián se vió relegado al banquillo. Se nos venía anunciando, y veíamos sobre el campo, que volvía a ser el de siempre, que estaba cogiendo confianza. Había vuelto a encarar, tenía otra vez la chispa que incendiaba defensas y la confianza para hacerlo, sólo faltaba el gol. Pero el sábado se sumó al festival ante el Getafe. Meter uno de siete no se puede calificar de «vuelta a las andadas», pero si 3 días después se vuelve a hacer gol, y además de esos de antes, de los de conducción, de definir perfecto un uno contra uno, entonces sí, podemos decir que Adrián se empieza a parecer a Adrián.

Pero antes de que el asturiano nos adelantase en el marcador habían transcurrido más de 50 minutos en los que el equipo, sin 6 de los habituales titulares, había rendido igual que siempre. La primera parte el Zenit había dado la sensación de tener el control, había rondado nuestra área generando una sensación irreal de peligro. Estábamos metidos atrás, cierto, pero los rusos no fueron capaces de generar situaciones de peligro gracias a nuestra gran disposición táctica. Y eso fue la prueba clara de que, en este Atleti, no importa quién salta al campo, el compromiso y el esfuerzo siempre es el mismo. Se comprobó que los mecanismo tácticos, las ayudas y la dominación de los espacios están tan interiorizadas por los que no disponen de minutos como por los que juegan 90 cada fin de semana. Quizá en la salida a la contra y en los automatismos ofensivos el equipo se vio menos fluido que habitualmente, pero la entrega y la supeditación a los mandatos cholistas fueron inmaculadas.

Tras un primer tiempo de aguante y poca proyección atacante, la segunda parte fue una sucesión de salidas a la contra. Quizá por la necesidad del Zenit de lanzarse a por la victoria o tal vez porque los nuestros se habían acostumbrado al frío y tenían la confianza necesaria para desfogarse en ataque, lo cierto es que el panorama fue bastante distinto tras el descanso. Pudieron llegar más goles que el de Adrián, entre ellos una maravilla de Raúl García que botó en el larguero pero que podía haber sido el gol de la jornada. Por el contrario, un gol del Zenit sólo podía llegar, como así fue, en un error puntual de los nuestros. Un despeje en el primer palo de Alderweireld (muy seguro todo el partido) hizo una parábola que Courtois no llegó a entender y acabó entrando en nuestro marco. Error de nuestro portero, sí, pero como los pocos que ha cometido en estas tres temporadas, un error intrascendente en un partido irrelevante. Si tiene que fallar que sea aquí.

Mención aparte merece el partido de Guilavogui. El francés tuvo una evolución durante el partido que le llevo de no complicarse y jugar sencillo al incio del mismo a dominar el centro del campo y erigirse en mariscal absoluto en el último tercio. La falta de minutos se dejó sentir al principio en la falta de complicación del mediocentro: pases sencillos, salida limpia y sin riesgos, apoyos controlados. Pero a medida que fue cogiendo confianza dio muestras de lo que puede llegar a aportar. Se anticipaba, se daba la vuelta con el balón creando espacios, no perdía ni una y jugaba de primeras. Buena pinta la que tiene este tallo. Sólo su presencia impone y ni el bicho de Hulk fue capaz de plantarle cara físicamente. Desde luego, méritos hizo para jugar más, el problema es que a ver a quién se sienta. Algo parecido a lo que pasa con Óliver. A todos los atléticos nos gusta, todos disfrutamos con su clase, con esa calidad que promete grandes tardes, pero a ver quién es el guapo que toca el equipo.

En un partido que nos daba igual, que no tenía relevancia, sin los teóricos titulares, el Cholismo volvió a demostrar que no hay partido irrelevante. Se pudo comprobar como el «partido a partido» y el «juegue quien juegue no se nota» dejan de ser tópicos y pasan a ser verdades absolutas bajo el mando de Simeone. Nadie se despista, nadie baja los brazos. Partidos como el de ayer demuestran que hay fondo de armario. El sueño está justificado, podemos tener fe. Pero ahora toca el día a día, lo que nos da de comer. El sábado ante el Elche es todo lo que importa, no existe el domingo, no hay nada después. Así y sólo así piensa el Cholismo. Frío, calculador, como un asesino en serie, el Atleti crece a cada partido, independientemente del rival, de la competición. Y todo siempre bajo la misma premisa: el esfuerzo no se negocia.

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