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Historia Atlético de Madrid, inauguración en 1903

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Historia Atlético de Madrid, inauguración en 1903

Corría la primavera del año 1903 por una España desorientada. No había transcurrido ni siquiera un año desde que Alfonso XIII accediese al trono tras la regencia de su madre, María Cristina de Habsburgo-Lorena. El país aún se lamía las heridas tras la pérdida de las últimas colonias de ultramar a finales del siglo anterior. Los movimientos sociales y obreros y los nacionalismos comenzaban a tomar relevancia en la escena pública. Se trataba de una sociedad que entraba en el siglo XX a trompicones, con cinco lustros de turnismo a sus espaldas y en medio de un batiburrillo ideológico que no se sabía muy bien en qué iba a desembocar. España era, en suma, un polvorín, y Madrid la mecha siempre a punto de prender.

En estas andaban los españoles de entonces cuando, cuatro días antes de las elecciones que le iban a dar la Presidencia del Consejo de Ministros a Francisco Silvela, tuvo lugar el suceso que nos ocupa. A priori, podría poco menos que tildarse de irrelevante lo que sucedió aquel 26 de abril. Pero viendo todas las vidas que se han visto afectadas, modificadas y condicionadas a raíz de aquel hecho casi casual, sería poco menos que irresponsable menospreciar la relevancia de aquel día. De hecho, para muchos, el 26 de abril de 1903 marca el comienzo de una era, señala el inicio de algo diferente, algo jamás visto.

Pero volvamos atrás. La segunda mitad del siglo XIX y la llegada, tarde y mal, de la industrialización a marchas forzadas de toda la península, supuso el desarrollo de la siderurgia, sobre todo, en tres focos geográficos a lo largo del mapa nacional: Andalucía, Asturias y País Vasco. Secuencialmente, y en ese orden, van tomando prevalencia unas zonas sobre otras hasta que, a finales de siglo, la minería férrica y su correspondiente industria hacen del País Vasco el motor principal de la siderurgia. Y donde hay minas para allá que van los ingleses. Los hijos de la pérfida Albión no llegaron con las manos vacías; se trajeron sus máquinas, su industria, sus ideas, su té de las cinco, su fish & chips y, cómo no, su nuevo deporte: el football.

No tardó mucho en ganar adeptos aquel juego que habían inventado esos señores de bombín y monóculo que tanto y tan raro hablaban en sus clubes de fumadores. Ya en 1889 se funda en Huelva el primer Club de Fútbol español. Es a partir de entonces cuando la llegada masiva de industriales británicos a tierras vascas trae consigo la popularización de ese deporte que tanto estaba pegando en el sur de la península. Así, la década de los 90 populariza este invento inglés entre los jóvenes vascos e, inevitablemente, acaba desembocando en la fundación el año de 1898 del Athletic Club, equipo amateur a imitación de los ya existentes en Inglaterra.

Este nuevo club no contaría con una equipación oficial hasta 1902, con motivo de la celebración de la Copa de la Coronación de Alfonso XIII. Varios emisarios del Athletic partieron a tierras inglesas y volvieron con la camiseta arlequinada en azul y blanco del Blackburn Rovers. Y así vistió ese primer Athletic de Bilbao. Pero no son estos los vascos que nos ocupan. De los que queremos hablar es de unos cuantos hinchas de este club de Bilbao que migraron a la capital del reino para cursar sus estudios universitarios. Ramón de Arancibia, los hermanos Ignacio y Ricardo Gortázar, y Manuel de Goyarrola llegaron al Madrid de principios del XX a estudiar en la Escuela Especial de Ingenieros de Minas, pero su impacto en la ciudad acabaría siendo mucho más importante que sus estudios.

Estos cuatro amigos comenzaron a citarse con varios compañeros madrileños de la Escuela junto a la tapia del Retiro de lo que hoy es la avenida de Menéndez Pelayo (entonces Ronda de Vallecas). Como cualquier grupo de amigos hacían lo que hoy se consideraría normal aunque, por aquel entonces, debía verse como algo de lo más estrafalario: jugaban al fútbol. Disfrutaban con el balompié tanto que, animados por los cuatro amigos vizcaínos, decidieron fundar una filial del equipo bilbaíno en Madrid. Y así, en la primavera de 1903, nace el Athletic Club Sucursal de Madrid.

Se trataba del segundo Club de Fútbol que se fundaba en la ciudad. Un año antes se había creado un engendro llamado Madrid C.F., futuro hogar de saqueadores y maleantes. No fue un obstáculo el haber nacido más tarde ni el ser, en principio, la sucursal de un equipo bilbaíno para que en seguida el club de nuevo cuño despertase las simpatías de buena parte de los madrileños. Aquellos que no se identificaban con la idea de club hegemónico y prepotente del otro equipo de la ciudad encontraron acomodo en el campo de la Ronda de Vallecas y esa visión diferente del nuevo deporte que empezaba a expandirse por toda la península.

Fundación Atlético de MadridLos primeros años del Athletic de Madrid estarían marcados por la imposibilidad de disputar competiciones de ámbito nacional. La calificación de club filial del Athletic de Bilbao obligaba a los primeros a limitar sus participaciones a campeonatos de índole regional. Poco a poco ese status de sucursal iría perdiendo fuerza hasta la desvinculación definitiva en 1921 de ambos clubes. Ya diez años antes (1911) las equipaciones de los dos conjuntos habían dejado de ser iguales. La masa social del Atleti ya había adquirido suficiente relevancia en pocos años como para independizarse de su matriz y ya tenía una idiosincrasia bien diferenciada de todos los otros clubs que habían nacido en el cambio de siglo. Tanto es así, que apenas 10 años después de su fundación, el club tuvo que dejar el campo de Ronda de Vallecas (o «campo de las ranas» en castizo) por el que sería considerado como primer estadio oficial del Athletic de Madrid, el de O’Donnell. Pero eso, todo eso, ya es otra Historia.

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