Historia del Atlético de Madrid: Las rayas canallas

De cómo la camiseta arlequinada azul y blanca dejó paso a las rayas rojiblancas

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A finales del año 1909 el Athletic Club Sucursal de Madrid comenzaba a ser un equipo importante en la capital de España. Seguía siendo un Club filial del Athletic de Bilbao, y eso suponía que no pudiese disputar competiciones de índole nacional. Su radio de acción se limitaba a torneos regionales y locales y algún que otro amistoso con su club ‘padre’. Pese a todo ello, aquel equipo que fuera fundado en 1903 por cuatro estudiantes vascos de ingeniería, comenzaba a ganarse adeptos entre la ciudadanía madrileña. El campo de las ranas, sito en Ronda de Vallecas, congregaba cada partido a un mayor número de espectadores que se identificaban más con aquel equipo entonces menor que con el hegemónico Madrid CF que pretendía ser el único equipo de los madrileños.

Poco tenía que ver aquel club con el que conocemos hoy en día, como poco también tenía que ver el deporte que practicaba con el fútbol actual. El escudo, que era una reproducción exacta del de el que por entonces identificaba al Athletic Club de Bilbao, era poco más que un círculo en azul y blanco con las letras «C» y «A» impresas en el centro. Los colores del escudo no hacían sino reproducir los que ocupaban la camiseta oficial del club: azul y blanco. Vestían en Bilbao y vestíamos en Madrid una camiseta arlequinada de los colores antes mencionados, la mitad derecha azul, la izquierda blanca, los pantalones y las medias azul. Unos colores que se habían elegido en un viaje a Inglaterra cuando se empezaba el siglo XX.

Cuando se fundó el Athletic Club de Bilbao, allá por 1898, los trabajadores portuarios vizcaínos que habían sido artífices del nacimiento de la criatura no habían dado demasiada importancia al hecho de vestirse con una equipación adecuada. Vestían camiseta y pantalón blanco con medias negras. Poco antes del viaje a Madrid que desmbocaría en la fundación de «nuestro» Athletic, se decidió enviar una expedición a Inglaterra en busca de una camiseta más oficial, más futbolística, para un equipo que empezaba a atraer a más aficionados del País Vasco a sus partidos. Los directivos llegaron así al norte de Inglaterra, a Blackburn, cuyo equipo local, el Blackburn Rovers, era considerado uno de los grandes de la época, no en vano contaba en su palmarés con 5 copas FA ganadas justo cuando se fundaba en Bilbao el Athletic. Decidieron por tanto hacerse con esas camisetas azules y blancas que, esperaban, les darían tanta gloria como a sus poseedores originales en su momento.

Sucedía esto a finales de 1902, apenas unos meses antes de que, aquel 26 de abril de 1903, se fundase el que más tarde se conocería como Atlético de Madrid. Por lo que, desde el primer momento, el club de nuevo cuño, el filial de la capital del reino, vestiría con la camiseta oficial azul y blanca, la del Athletic de Bilbao, la del todopoderoso Blackburn Rovers. Y en esa combinación arlequinada se empezaría a forjar esa idea inicial, ese modo de ver la vida que hoy es rojiblanco pero que todavía no lo era. Aunque el espíritu, el sentimiento, ya empezaba a estar ahí.

Y llegamos a 1909. Como se mencionaba más arriba, el Club ya tenía una masa social considerable pese a estar limitado por su condición de sucursal. A efectos prácticos, sin embargo, ya se empezaba a funcionar como una institución independiente, aunque aun tendría que transcurrir más de una década para que, justo con la mayoría de edad, en 1921, el Club se desvinculase por completo de su ‘padre’ bilbaíno. Pero para eso quedaban dos lustros. Y entonces la vinculación Madrid-Bilbao seguía siendo bastante relevante. Hasta el punto de que, cuando tocaba renovación de equipaciones (entonces no se estrenaba nueva camiseta en cada partido como se hace ahora), se traían de Inglaterra hasta Bilbao suficientes para poder vestir a los dos equipos. Así se hacía, aunque el cambio que nos ocupa, la transición de azul y blanco a rojo y blanco tardaría un año en llegar de Bilbao a Madrid.

En cualquier caso, andaba Juan Elorduy, directivo del Athletic Club de Bilbao, por Inglaterra aquellas Navidades de 1909, cuando desde Bilbao se le hizo llegar la necesidad de conseguir nuevas equipaciones tanto para el equipo vasco como para el filial de Madrid. Así que el directivo, que se encontraba cerca de la industrial ciudad de Blackburn, buscó y buscó equipaciones del equipo local. Pero no hubo manera, no era capaz de encontrar las 50 camisetas que necesitaba para los dos equipos españoles. Así que, resignado, decidió volver a su casa con las manos vacías. En esas estaba cuando llegó a Southampton, ciudad portuaria del sur de Inglaterra donde debía embarcar para dirigirse a Bilbao, y se encontró con que el equipo local, el Southampton Football Club, vestía los colores representativos de la ciudad de Bilbao: el rojo y el blanco. Así que decidió adquirir, esta vez sí, las 50 equipaciones que le habían sido encargadas pero, en vez de blanquiazules, serían rojiblancas con pantalón y medias negros. Al llegar a la península, las camisetas se dividieron en dos tandas de 25 y sólo empezaron a usarla los bilbaínos, ya a partir de enero de 1910.

No sería hasta un año después, en enero de 1911, tras un partido entre los dos Athletics, cuado representantes de la sucursal de Madrid pidieron a Juan Elorduy la segunda tanda de 25 camisetas para equipar a los jugadores madrileños con los colores rojiblancos. Los directivos del club filial, que ya empezaban a mascar la posibilidad de irse distanciando de la matriz vasca, adoptaron el cambio de equipación, pero con reservas. Mientras que el Athletic de Bilbao tomaba los colores del Southampton de arriba a abajo, el club madrileño sólo cambiaría los colores de la camiseta. Así, el equipo se dejó los pantalones y las medias azules, las del Blackburn, y se enfundó la nueva parte superior, la del Southampton. Con ese regalo de Navidades, en 1911 empezó a andarse un camino, a escribirse una historia, que más de 100 años después sigue recorriéndose, sigue relatándose en rojiblanco. Esta es la historia de cómo unos colores que tantos corazones sienten hoy como suyos llegaron al club de sus amores. Los colores que visten Madrid, los que provocan orgullo, los que cuentan una historia diferente, los de los colchones, los nuestros.

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