La final de Villa

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La final de Villa

Más de dos meses sin marcar. Ocasiones claras falladas en los últimos partidos. Cierta sensación de bloqueo mental. Y la final de Lisboa y el mundial en el horizonte. Esa es ahora mismo la situación de David Villa. Nada halagüeña. Pero de esas situaciones los que mejor saben salir son los grandes. Y El Guaje es uno de ellos. Su temporada puede que no haya sido lo que se esperaba en el aspecto goleador. 15 goles no parecen suficientes para un goleador de su talla. Pero no hay que olvidar su incansable trabajo día a día. De los más de 30 goles que ha marcado Diego Costa, una gran parte fueron gracias al asturiano. También es clave el 9 en la presión que tan buen resultado ha dado al equipo. Y es que esa presión empieza desde arriba. Ese trabajo incansable del de Tuilla en favor del equipo es digno más que de mención. Pero lo cierto es que a un delantero se le piden  goles. Si no gran cantidad, al menos de los importantes. Y lo cierto es que Villa no ha marcado aún en el tramo decisivo de la temporada. Pero el partido más importante está por llegar. Es el sábado, y con la más que presumible baja de Diego Costa, El Guaje será el que se eche sobre los hombros la responsabilidad goleadora del equipo. Y como decíamos, los grandes jugadores son los que aparecen el los momentos culminantes. Y una final de Copa de Europa lo es. La final de Villa.

Campeón de todo

Villa no solo ha ganado todos los títulos habidos y por haber (salvo la Europa League), si no que además será, junto con Cristiano Ronaldo, el único que sabe lo que es levantar la orejona de los 28 que pueden llegar a saltar el sábado al césped de Da Luz el próximo sábado (Xabi Alonso, no jugará por sanción). Y no solo eso, el asturiano ya sabe lo que es marcar en una finalísima de la máxima competición continental: el 28 de mayo de 2011 en Wembley, David Villa perforaba la portería de Van der Sar con un certero disparo a la escuadra de la portería del United para rubricar el 3-1 definitivo. Villa levantaba aquel día su única Copa de Europa. El año anterior había levantado la Copa del Mundo en Suráfrica. Hacía tres años la Euro en Viena. Y así hasta completar un palmarés con Ligas, Copas del Rey y Supercopas por doquier. Y un mundialito. Aquel mundialito fatídico de la lesión.

Derrochando coraje y corazón

Villa sea seguramente uno de los jugadores que con más facilidad ha asimilado la idiosincrasia y filosofía rojiblancas. Ayudado por sus amigos Juanfran y Adrián, el de Tuilla se puso desde el primer día el mono de trabajo y no se le calleron los anillos (las copas) para ser un currante más dentro de este equipo de currantes que es el Atleti de Simeone. También fue capaz de asimilar con deportividad los días (algunos muy importantes) de suplencia en favor de ese torbellino navarro llamado Raúl García. En lugar de quejarse por ello, se puso a trabajar. Más aún. El premio a todo ese esfuerzo, a toda esa demostración de amor por unos colores como denotaron sus lágrimas y sus palabras («este es la liga más especial de las que he ganado») el pasado sábado en el Camp Nou; el premio, decíamos, ha de ser un gol el próximo día 24 en Lisboa. Si puede ser el de la victoria, mejor. En este equipo los goles históricos los suelen marcar los defensas, pero El Guaje no es cualquiera. Se dejará todo lo que haga falta para que su equipo, el Atleti, sea por fin campeón de Europa. Y que el máximo goleador de la historia de la Selección haga eso ha de ser motivo de orgullo para todos los colchoneros.

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