Sesteando en Pamplona

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Sesteando en Pamplona

Pintaba bien el once que dispuso el Cholo. Habida cuenta de la cantidad de habituales que estaban a una tarjeta de perderse el derbi, los once que saltaron al campo prometían ser un once competitivo. Con tres delanteros, y Diego por detrás, se trataba de una de las alineaciones más ofensivas del Cholismo. Y durante los cuatro primeros minutos parecía que aquello iba a ser coser y cantar, hasta que nos hundimos.

45 minutos de horror

Tras un arreón inicial el equipo se echó a dormir. Osasuna le puso ritmo e intensidad al juego y se nos comió vivos. Adrián se desdibujó y volvió a ser el de siempre, Diego se obcecó en entrar por el centro y perdía todo lo que pasaba por sus pies, y Costa y Villa apenas olieron balón. Atrás la cosa tampoco fue mucho mejor. La defensa, descoordinada como nunca, no cerraba espacios, las bandas eran autopistas que ni Mario ni Gabi acertaban a cerrar y ni a balón parado se percibía la más mínima concentración. Un desastre.

Los locales se tomaron el partido a vida o muerte y se notó. Tras el tremendo error de atención que supuso el 1-0 se esperaba que los chicos del Cholo se quitasen de encima la pájara, pero se hundieron si cabe aun más. Nada salía. Una pérdida de balón absurda de Juanfran y Gabi le dejó el balón franco a Armenteros para que éste metiese un brutal golazo. De nuevo se esperaba reacción, de nuevo nos quedamos embobados. Siguió el despropósito y, esta vez, un centro lateral no lo defendió nadie y Roberto Torres remató sin oposición el 3-0. El Atleti estaba muerto.

Si se pierde la base, se pierde todo

Recapitulando, nos hicieron un gol a balón parado, otro tras pérdida de balón en la salida y otro en un centro lateral. Es decir, todo lo que significa el Cholismo no existió durante 40 minutos. Somos conscientes de que se pueden perder partidos, lo que nunca imaginábamos es que, con Simeone en el banquillo, se perdiese así. Parecía otro Atleti, un Atleti de otra época, de cuando cada partido era poco menos que un suplicio. Siguiendo ese camino, y viendo como estaba Osasuna, lo más normal hubiese sido que nos hubiesen colado otros 3 goles en la segunda parte. Sin embargo, a la vuelta de vestuarios, los nuestros asumieron que había que salir de El Sadar con dignidad y, si bien poco había que hacer (y poco se hizo) por la victoria, al menos dio la sensación de que si caía un gol sería a nuestro favor.

No era definitivo. El partido en Pamplona era importante, pero su relevancia no era tanta como se le quiere dar. Relevante será lo que suceda el domingo que viene. El ‘partido a partido’ nos ha traído hasta aquí, nos ha llevado hasta el derbi del Calderón en el que, ahora sí, se dirimirá si este equipo está para luchar por la Liga. Se juega un partido de 4 puntos, un derbi en el que si se gana se da un golpe en la mesa, se le dice al Maligno que está ciudad es nuestra. Si no, una derrota nos apeará del tren del liderato. Nos han tocado, pero no nos han hundido. Llega la hora de los hombres, ahora conoceremos quien es el Atleti en 2014.

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